domingo, enero 26, 2014

CONVERSACIONES CON EL RÍO BOGOTÁ


 "Nos quedó pendiente la tarea de conocer el territorio, de reconocernos en él, y de construir una economía y una política a partir de ese conocimiento"
William Ospina
"Pa que se acabe la vaina"

Esta imagen de Google Earth permite ubicar la zona en donde son tomadas las primeras fotos: entre la desembocadura el río Fucha en el río Bogotá (marca verde a la derecha) y la desembocadira del río Tunjuelo o Tunjuelito, también en el río Bogotá (marca verde a la izquierda). Cerca al borde superior derecho se ve el aeropuerto de Eldorado.
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Esa horqueta es la desembocadura del Fucha en el Bogotá, fácil de identificar desde el aire
Aprovechen y se dan una voladita por las fuentes del Fucha

 
Dada su situación con respecto al aeropuerto Eldorado, muchos vuelos pasan por ahí y yo había tenido oportunidad de fotografiar la desembocadura del Fucha desde distintos ángulos. Pero nunca -sólo hasta el viernes pasado- había caminado y menos navegado por esa zona



Hacia el final del atardecer. Ese pequeño espejo de agua es el pondaje de La Magdalena, un aliviadero del caudal de Fucha. Por razones más de carácter jurídico que técnico -explican los técncos de la Empresa de Acueducto de Bogotá- no ha podido funcionar hasta ahora con todo su potencial.


Desmbocadura del río Tunjuelo o Tunjuelito en el Bogotá. Este río nace en la laguna de Los Tunjos en el páramo de Sumapaz. Pasen también por ahí.

A pocos metros de la desembocadura

Gran parte de las 40 mil hectáreas que hoy conforman la costra urbana de Bogotá se encuentran por debajo del nivel de varios ríos y quebradas que cruzan o que tocan la ciudad, porque a lo largo de más de cuatro siglos Bogotá ha venido creciendo sobre el fondo de lo que fue un gran lago hasta cuando se desaguó por el Salto del Tequendama

Durante el siglo pasado se desecaron casi 50 mil hectáreas de humedales, vestigios del antiguo lago, pero el espíritu (la dinámica) del agua sigue ahí. Algo similar sucede, por ejemplo, en New Orleans: la ciudad debe protegerse con altos jarillones de las aguas del lago Pontchartrain cuyo nivel máximo se encuentra por encima de ella. Gran parte del desastre desencadenado por Katrina en 2005 se debió a la ruptura de algunos de esos jarillones. Cuando el fenómeno de La Niña 2010-2011, las aguas del río Bogotá entraron a reclamar lo que varios siglos de intervenciones humanas -en particular durante el siglo XX- le han venido quitando.Los jarillones vieron sobrepasada su capacidad.


Del lado interno del jarillón

Arco del meandro del río Bogotá que recibe las aguas del Fucha

A raiz del desastre 2010-2011 la CAR (Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca) comenzó un proceso que hoy está en plena marcha, de dragar el río y de construir nuevos jarillones para acercarse a lo que fuera su antigua sección, y para que el agua recupere su derecho a correr. Han sido tantas las intevenciones a que ha sido sometido históricamente el río Bogotá, que se puede afirmar que gran parte de su cauce es artificial. El río no se resigna y a la menor oportunidad sale a reclamar.

La Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Bogotá EAAB, tiene jurisdicción sobre el recorrido urbano del río Bogotá y de todos sus afluentes. Dado que gran parte de la ciudad está por debajo del nivel de ríos como el Tunjuelo y el Bogotá, las aguas lluvias y residuales deben ser bombeadas, lo cual genera dificultades especiales para el manejo de la red hídrica de la ciudad. Foto: Planta de bombeo Gibraltar.




 
 
El avance de la costra urbana sobre las ronda -los dobladillos- del río Bogotá. Sectores de Maryland y San Bernardino en la localidad de Bosa

El pondaje de La Magdalena que recoge aguas lluvias para quitarle carga al Fucha.

Foto Enero 31, 2014

Avifauna del pondaje ¿Será que algún día, por lo menos las generaciones por venir, podrán ver así las aguas del río Bogotá?


Comparen el tamaño de la torre de alta tensión en comparación con la altura de los postes comunes


En este punto, cercano a la desembocadura del Tunjuelo, nos embarcamos para navegar por el río Bogotá. El puente del fondo no aparece en las fotos de Google pues se encuentra en plena construcción. Forma parte de la porción ya construida de la ALO (Avenida Longitudinal de Occidente)

La desembocadura del Tunjuelo o Tunjuelito desde el cauce del Bogotá

Reconocernos en el territorio del río Bogotá, como propone William Ospina en el epígrafe, significa tomar consciencia de que todas y cada una de las ocho millones de personas que formamos parte de esta ciudad, le aportamos diariamente un promedio aproximado de media libra de materias fecales, para un total de dos mil (2000) toneladas al día. Conocer de cerca y dialogar con el río Bogotá significa estar en contacto con el metabolismo -la digestión- de la ciudad. Esto sin contar la gran cantidad de metales pesados, detergentes y otras sustancias contaminantes que le aporta la actividad humana, pero sin pasar por nuestro interior. Recordemos que en promedio cada habitante de Bogotá genera diariamente un kilo de desechos sólidos (basuras) para un total de ocho mil toneladas, de las cuales por lo menos seis mil van a dar al relleno sanitario Doña Juana

La mayor sorpresa que uno se lleva es que, si bien las aguas son totalmente incapaces de sostener cualquier forma de vida (con excepción, seguramente, de microorganismos anaeróbicos patógenos), los paisajes son mucho más bonitos de lo que se pudiera esperar para un río que tiene fama de estar entre los más contaminados del mundo. Claro que eso no es sorpresa para las instituciones públicas y organizaciones no gubernamentales que llevan muchos años trabajando por la recuperación del río. Mis respetos a ellas.

  
A orillas de esta porción del río hay haciendas agrícolas y ganaderas


La expresión más dramáticamente evidente de la contaminación es el mal olor, aunque resulta insignificante en comparación con la fetidez del agua y del aire en el Salto del Tequendama. En las fotos de arriba se ven dos manifestaciones de los gases que afloran entre las aguas del río, posiblemente metano el principal.


 Basura se ve en las orillas, pero no tanta como se pudiera esperar


 Los gallinazos no son parte del problema sino de la solución. Pero claro, el hecho de que consigan trabajo en ese lugar, es evidentemente un indicador de contaminación.


 Fabricación de carbón de madera

LA ARDUA TAREA DE DRAGAR

 
Durante una gran parte de este segmento del río están trabajando las dragas contratadas por la CAR y se adelanta la ya mencionada estrategia de correr los jarillones para ampliar el cauce del río.


 
 
 En el sector de Alicachín termina por ahora nuestra escuela fluvial. En la foto de arriba las aguas corren de derecha a izquierda, en dirección al Salto del Tequendama


* * *


Mis agradecimientos a la EAAB por la posibilidad de realizar este recorrido, que forma parte del propósito de entender a fondo el significado teórico y práctico de reconocer el agua como eje ordenador del territorio. 


Nada de lo que aquí se afirma refleja necesariamente la posición oficial de la EAAB


miércoles, enero 22, 2014

"TAMBIÉN CAERÁS..."


Todos estamos expuestos a dar un mal paso –o muchos malos pasos- en la vida. Hace un par de días realicé otro abono a la cuota que me corresponde. Otro porque, por supuesto, esta no fue la primera vez.


Acababa de tomar una foto con mi cámara de bolsillo, desde un andén empinado, resbaloso y lleno de hojas de colores, a menos de una cuadra de mi casa.

No sé exactamente qué pasó, pero súbitamente mi cabeza se dio contra un muro de piedra. Pese a la dureza de ambos objetos en colisión, la cabeza llevó las de perder. Las de perder la cabeza.

El golpe seco de la cámara contra las piedras tapó el golpe seco de las piedras contra la cámara. Y viceversa.

Un chorro de sangre  roja, oscura y espesa, bañó rápidamente la cara, la camisa y la mano. Pensé que se me había clavado en el ojo el lente izquierdo de las gafas. Pero no.

“La piel estalló”, me explicó horas después la cirujana plástica que se encargó de suturar la chamba larga y profunda que el golpe abrió sobre la ceja.

La sangre es muy escandalosa y el arco superciliar sangra de manera profusa.

En medio de la confusión creí haber metido la cámara en la mochila, cuando todavía, bastante grogui, caminé hacia mi casa, sin saber bien todavía cuáles iban a ser los efectos reales del porrazo.

Tras una primera lavada de la herida con agua oxigenada, me di cuenta de que no estaba la cámara. En algún momento se perdió.

Con una camisa limpia y un trozo de algodón en la herida, regresé al teatro de los acontecimientos. Le pregunté al portero del edificio del frente que, desde su asiento, había sido testigo impasible de cada detalle de los acontecimientos, si había visto que alguien cogiera la cámara o si por lo menos había visto que, después de mi caída, alguien pasara por ahí. Dijo que no. “Después de que usted se levantó yo me fui. Tenemos orden de no movernos del puesto”.

Toda esta innecesaria introducción, que sólo se justifica por no perder las oportunidades literarias que ofrece tan aparatoso (y finalmente intrascendente) tropezón, para comentar que no deja de llamarme muy negativamente la atención que alguien pueda ver, sin inmutarse, que a un ancho de calle de distancia alguien sufra un accidente y no se le ocurra ni siquiera preguntar qué le pasó.

Recuerdo que alguna vez, en uno de esos vox pops callejeros, la periodista le preguntaba a un transeúnte:

-    --  ¿En su opinión cuál es el peor defecto de los colombianos, la ignorancia o la indiferencia?

-     --  No sé ni me importa, contestaba el entrevistado.


Yo creo que es la insolidaridad.

Un defecto que crece en proporción directa al estrato social, entre otras razones porque en los sectores populares, si bien es cierto que existen el chisme, el conflicto, una territorialidad mal entendida y peor ejercida como causa y consecuencia de múltiples violencias sociales y la inseguridad en las más incontrovertibles de sus acepciones,  también lo es que, al mismo tiempo, la gente sabe que la única manera de superar las adversidades, es a través de la solidaridad. De una solidaridad que nace y crece y se reproduce por medio de la comunicación y de la compasión, entendida ésta desde su etimología como “compartir la pasión”: sentir en carne propia lo que les pasa a los otros y ser conscientes de que a uno también le puede pasar y que entonces va a necesitar de los demás.

Ese es el fundamento de las redes sociales formales o informales, en las cuales son mucho más ricos los estratos populares que la clase media y los estratos más altos. Como que en estos últimos se tiene la equivocada convicción de que si se cuenta con plata para resolver cualquier problema, no tiene razón de ser la solidaridad.


Parece que cuando algunos trabajadores, pertenecientes a los sectores populares, se encuentran en modo, espacio y tiempo “laboral”, adoptan el software de sectores socio-económicos inalcanzables para ellos y que por lo menos en los hechos se vanaglorian de su indiferencia y de su insolidaridad.

Cierto es también que formamos parte de una sociedad en la cual muchas veces resulta arriesgado el ejercicio de la solidaridad. ¿Quién se atreve, por ejemplo, a detener el carro para auxiliar a una persona herida en la calle en altas horas de la noche o de la madrugada? Lo más que uno se atreve a hacer es llamar al 123 o avisar en un CAI, incluso con el temor de que lo vayan a incriminar.


En el conocido programa de televisión “También caerás”, hay una sección en la cual realizan un montaje con actores que tiene por objeto poner en acción el sentido de solidaridad de las víctimas de la broma pesada. Le piden a gente ingenua que encuentran en las calles, que ayude al actor o a la actriz que ha asumido el papel de persona necesitada, con las más insólitas peticiones. Y mientras más ingenua la persona, responde con más buena voluntad, con mayor solidaridad.

Lo bueno del programa es que después de que se ríen un rato del que ha caído en la trampa, premian su ingenuidad y su solidaridad con significativos regalos del rango de un moderno televisor. "Miren a la cámara de También caerás” y dense cuenta de que a veces también paga ser ingenuo y ser confiado y ser solidario y ayudarles a -y apoyarse en- los demás.

Incurran cuando puedan, en algún acto de confianza, de esperanza activa, de reciprocidad. 

Corran de vez en cuando el riesgo impensable de la solidaridad. Aun cuando no se ganen un televisor, se darán cuenta de que el mayor premio es la satisfacción de llevarle la contraria a una cultura que premia al más avivato, al más indiferente, al más blindado, al más egoísta y al que ha logrado ascender más, aún sea a costa de pasar por encima del resto de la sociedad. 


Sol-idaridad
Energía para una nueva sociedad

AM - PM


 
Damas y caballeros: la variabilidad climática

domingo, enero 19, 2014

jueves, diciembre 26, 2013

COSTRA URBANA


Pertenecemos a una especie que cristaliza en costras

La ciudad en obra



lunes, diciembre 16, 2013

HIDRO... o algunas de las razones por las cuales apoyo a Petro


El 6 de Agosto de cada año supuestamente se celebra la Fundación de Bogotá, cuando realmente lo que se conmemora es el primer barrio de invasión a los cerros orientales

Porque lo que hizo en 1538 el doctor Gonzalo Jimenez de Quesada, ilustre abogado y ameno escritor, fue construir doce chozas (en la actual Candelaria), para trasladarse a ellas con su comitiva eclesiástica, civil y militar, luego de entrar en encendida contradicción (le quemaron la casa) con los indígenas que habitaban el lugar en donde inicialmente se habían establecido los españoles, a orillas del río Bogotá, en la que hoy se conoce como Localidad de Bosa.

Jimenez de Quesada se trasteó entonces a los cerros orientales, en donde se consideró mejor resguardado de posibles ataques de los habitantes ancestrales de la Sabana, y con ello dio comienzo a una nueva lógica de ocupación de esa fértil y elevada planicie, que fuera un gran lago (siglos después bautizado Lago de Humboldt) hasta cuando el barbudo Bochica le quitó el tapón en el Salto del Tequendama.

En distintos lugares de la Sabana existen vestigios de que allí existieron “espinas de pescado” y otras estructuras construidas por los muiscas para convivir en armonía con el agua, similares a las de los zenúes en La Depresión Momposina y en La Mojana o a las de la cultura Tiahuanaco, en el altiplano andino, por los lados del lago Titikaka. Los muiscas también fueron, a su manera, una cultura del agua.



Cuentan los estudiosos de la ecología de la Sabana, que en el lugar que hoy ocupa Bogotá existieron hasta principios del siglo XX cerca de 50 mil hectáreas de humedales, que a finales de ese mismo siglo se habían reducido a no más de 600 hectáreas.


Lo cierto es que hoy Bogotá es una enorme costra urbana con una extensión que sobrepasa las 40 mil hectáreas, de la cual formamos parte un poco más de ocho millones de habitantes… y muchos más si contamos la población de los municipios de la llamada Sabana Centro, situados todos dentro del área de más estrecha influencia de la capital colombiana.


Bajo –y muchas veces sobre- esa costra de cemento, ladrillo y pavimento, laten implacables las dinámicas del agua, en un territorio cruzado por más de 120 ríos y quebradas. Se expresan a veces de manera lenta, como sucede en los muchos sectores de Bogotá, como, precisamente, El Lago, donde los viejos edificios se ladean o se hunden con un efecto acumulado que finalmente resulta evidente. Otras veces se expresan de forma relativamente súbita, como sucedió hace precisamente dos años, en Diciembre de 2011, cuando surgió el “hoyo chupador” de la calle 98 con carrera 11.

O afloran en temporadas invernales, cuando las aguas de ríos y quebradas se desbordan, simplemente porque retoman los “dobladillos” con que antes contaban sus cauces naturales para expandirse en temporadas de lluvias, pero que luego fueron invadidos por constructores ilegales, o por urbanizadores legales… Legales con las autoridades distritales, pero ilegales con los cuerpos de agua.



En fin: todo esto para decir que lo que ha pretendido la Administración de Gustavo Petro (a quien por esa misma razón a veces preferiría llamar “Hidro”), es dar los primeros pasos hacia una nueva armonización de la ciudad de Bogotá con las dinámicas del agua. Lo expresa claramente el discutido Plan de Ordenamiento Territorial del Distrito, cuando afirma que “el agua es el eje ordenador del territorio”.

Con una característica importante: no se trata de “ordenar” el territorio en función de las prioridades y de las actividades humanas, sino de ordenar estas últimas en función de las dinámicas, posibilidades y limitaciones que establecen los ecosistemas y que gobierna el agua.

Tarde o temprano hubiera sido necesario replantear el modelo de ciudad, porque las dinámicas de las laderas, de los suelos, de los subsuelos y del agua van manifestando su inconformidad de manera cada vez más notoria, pero esa necesidad adquiere especial importancia ahora, ante los escenarios globales del cambio climático.

Forma parte también de ese nuevo modelo de ciudad con el cual se pretenden enfrentar los desafíos planetarios, la estrategia de “basura cero” que hoy ha tomado como pretexto la Procuraduría General para ordenar la destitución del Alcalde. En números redondos, Bogotá produce ocho mil toneladas diarias de desechos sólidos, de los cuales unos seis mil llegan al relleno sanitario Doña Juana. De liberar al ambiente de las otras dos mil se encargan los “recicladores”, que hasta esta administración habían venido trabajando, como en tantas otras ciudades de Colombia y del “Tercer Mundo”, en condiciones totalmente infrahumanas.


Transformar el modelo de ciudad, dignificar a grandes sectores de la población que antes eran invisibles o que se encontraban estigmatizados, redefinir la manera como se ocupa el territorio y las relaciones entre el desarrollo y el agua, no son objetivos que se alcancen de la noche a la mañana.

La adaptación de la humanidad al cambio climático no depende solamente de construir diques y muros sino, sobre todo, de adoptar y de aplicar valores fundamentales: equidad, solidaridad, reciprocidad, hospitalidad, responsabilidad… en fin, Identidad, entendida como sentido de pertenencia a ese territorio del cual uno forma parte y en el cual finalmente encontramos y le construimos sentido trascendente a la existencia cotidiana. 


Hoy por hoy no hay político latinoamericano (ni creo que del mundo) que no utilice en sus discursos términos como desarrollo sostenible, adaptación, participación o resiliencia. Pero la gran mayoría, cuando llegan al poder y tienen en sus manos la facultad de tomar decisiones, siguen actuando de la misma manera como han actuado sus antecesores, ignorando que o cambiamos por las buenas o las dinámicas de auto-sanación de la Tierra nos acaban sacando por las malas.

Petro no. Petro asumió el riesgo de ser coherente con el discurso y de tomar las medidas necesarias para que ese territorio al cual gobierna por decisión colectiva, se vaya transformando poco a poco, pero en serio, para que pueda convivir con las nuevas condiciones de este planeta cambiante.

Por eso lo apoyo.

Por eso, y porque como lo expresamos en una carta abierta que muchos colombianos y colombianas hemos enviado al Presidente de la República, “Somos conscientes de que un ambiente sano para la vida, y en particular para la vida humana, requiere de múltiples factores como la calidad del agua y del aire, la integridad y diversidad de los ecosistemas y el suelo sin contaminar, pero también de la existencia de una paz real basada en la eficacia de un Estado de Derecho cuya principal función sea la promoción y protección efectiva de los derechos de todas las personas que formamos parte del territorio nacional y que solo es posible en el marco de una construcción social democrática.”


jueves, noviembre 21, 2013

¡UBÍCATE!

 
 El Occidente de Bogotá, en la últimísima luz del atardecer

 Rumbo a Eldorado

 El arco y la flecha

 El gato persiguiendo al pato

sábado, noviembre 09, 2013

viernes, noviembre 08, 2013

sábado, octubre 12, 2013

OTRO BOSQUE ENCANTADO EN BOGOTÁ


Al amanecer de hoy

Redes de Curuba

 
 
 
 
 
 
 
Fucsias

 
Quebrada El Chicó a orillas de la cual florece este bosque encantado

 
 
Circuitos de complejidad
"Todo está ligado a todo... y viceversa"

 
Escher en el bosque de niebla

 
Manos tratando de salir de la tierra

 

ZAGUANES PARA INGRESAR A OTROS BOSQUES ENCANTADOS EN BOGOTÁ

viernes, octubre 11, 2013

EL AVIÓN: UNA OBRA DE ARTE


Un punto a favor de la especie humana