martes, mayo 10, 2016

Notas recicladas: ¿LA MINERÍA GENERA VERDADERO DESARROLLO HUMANO?


Artículo publicado en El Nuevo Liberal de Popayán el 4 de Octubre de 2013

Un hombre agobiado por problemas económicos. Los bancos amenazan con embargarlo. La hija mayor ha tenido que abandonar la universidad por falta de plata para la matrícula y el hijo menor está a punto de dejar el colegio porque lleva varios meses colgado en las pensiones. Y para colmo de las desgracias, acaban de descubrir que debajo de su casa hay una mina de oro.

Este cuadro, por paradójico que parezca, refleja la situación de muchísimos territorios de Colombia, de América Latina  y del resto del mundo,  a los cuales les ha caído lo que el maestro Guido Barona, llamó en uno de sus libros “La Maldición de Midas” (Universidad del Valle, 1995).

El Nuevo Liberal dedicó la portada y parte de su edición del domingo pasado (Septiembre 29, 2013), a un completo informe sobre los títulos mineros que ya han sido otorgados sobre cerca de dos mil hectáreas del municipio de Popayán, y sobre las solicitudes que existen para que, en este mismo municipio, se titulen para minería 24 mil hectáreas más.

Teóricamente el hecho de que bajo el suelo de algún territorio exista oro, petróleo, carbón, coltán o cualquier otro mineral valioso para el desarrollo, debería ser motivo de satisfacción. No conozco, sin embargo, un solo caso en Colombia (ni fuera de Colombia, pero podría ser ignorancia mía) que permita demostrar que la minería ha transformado positivamente la calidad de vida de las comunidades de los lugares en las cuales esa actividad se lleva a cabo. No hablo de que se hayan incrementado las estadísticas de producción, el PIB, las regalías y otros indicadores econométricos, o incluso de que se hayan hecho algunas obras de infraestructura importantes, sino de que el conjunto social haya ganado capacidad de decisión sobre sus propios destinos, de que sus necesidades básicas hayan sido satisfechas de manera efectiva, de que haya más equidad y se hayan fortalecido las condiciones para ejercer la participación, la reciprocidad y la solidaridad, y de que se haya consolidado la identidad de las comunidades con el paisaje del cual ancestralmente han formado parte.

Un mapa oficial publicado en la Segunda Comunicación Nacional sobre Cambio Climático (Ideam, Junio 2010), basado en datos del DANE, demuestra que aquellos departamentos y regiones colombianas dedicadas históricamente a la minería, están entre aquellos con “capacidad socio-económica muy baja”; léase: con mayores necesidades básicas insatisfechas. Al mismo tiempo, son aquellas regiones con menor capacidad de adaptación al cambio climático.

Entre esos departamentos y regiones hay algunos donde la minería ha sido ejercida artesanalmente y donde ahora la ejecutan bandas armadas ilegales poseedoras de grandes maquinarias (como por ejemplo, pero no exclusivamente, la Costa Pacífica), pero también hay otros donde en las últimas décadas ha sido llevada a cabo por empresas multinacionales que llenan los requisitos que la ley establece y que poseen políticas de “responsabilidad social corporativa”, que en la práctica algunas cumplen pero que para otras son pura fachada.

Lamentablemente no hay argumentos para afirmar que la minería genera verdadero desarrollo humano. Esta afirmación es válida para la gran minería armada, pero también lo es en gran medida para la legal. Los beneficios tangibles que genera esta última en las regiones donde se ejerce no son proporcionales a los traumatismos que causa, a las rupturas individuales y colectivas de todo tipo, a los desplazamientos forzados justificados “por motivos de utilidad pública e interés social”. Las empresas pueden alegar que ellas pagan las regalías que les fija la ley, las cuales no han sido invertidas adecuadamente por los agentes estatales. Esto puede ser parcial o totalmente cierto y hay ejemplos como el caso de Yopal, en Casanare, donde la corrupción alrededor de las regalías del petróleo ha generado consecuencias criminales contra la comunidad.

Pero el hecho es que, por el motivo que sea, para la mayoría de las comunidades el que bajo su suelo aparezca algún mineral valioso, no es una bendición sino una desgracia: una “maldición de Midas”. En algunos pocos casos se han podido sanar las heridas abiertas a algunas comunidades, pero sólo tras muchos años de dolor que bien hubieran podido evitarse sobre todo si el Estado colombiano hubiera tenido una política clara frente a la manera como la actividad minera debe relacionarse con los ecosistemas y con las comunidades, y si hubiera ejercido una verdadera tutela para proteger los intereses inseparables de unos y otras.

Al leer el artículo del domingo pasado (Septiembre 29, 2013) en El Nuevo Liberal sobre la inminente irrupción de la minería en el municipio de Popayán y en general en el Macizo Colombiano, me preguntaba si el otorgamiento de esos títulos había sido concertado con las autoridades departamentales y municipales y, por supuesto, con las comunidades que van a ser afectadas. Y me lo preguntaba a sabiendas de que muy seguramente la respuesta es NO. En Mayo del presente año el Ministerio de Minas expidió un decreto en el cual reafirma que las decisiones sobre minería en los departamentos y municipios no pueden ser tomadas o afectadas ni por gobernadores ni por asambleas departamentales ni por alcaldes ni por concejos, mucho menos por comunidades y organizaciones de base. Esa potestad corresponde de manera exclusiva al gobierno central.

Para unos sectores del Estado colombiano, las consultas previas a las comunidades étnicas y los permisos y trámites ambientales son considerados como (textualmente) “dificultades que afectan la agilidad y viabilidad del desarrollo de los proyectos” (ver CONPES 3762 sobre Proyectos de Interés nacional Estratégico PINES) y no como herramientas para garantizar que las actividades “de desarrollo”, incluido los mega-proyectos mineros, no solamente sean formalmente legales con el Gobierno, sino que además –y sobre todo- sean efectivamente legales con los ecosistemas y con las comunidades. 


En conclusión, como bien lo solicita el movimiento denominado “Moratoria Minera”, no se trata de satanizar a la minería en general, sino de hacer un alto hasta establecer muy claramente dónde se puede llevar a cabo y dónde no. Y donde sí se pueda, cómo debe ser su relación con el territorio, con sus ecosistemas, con sus comunidades y con los distintos niveles del Estado. “Minería sí, pero no así” es un lema que ha ido tomando fuerza en Colombia y que resume la posición de quienes pensamos que minería puede haber pero que la locomotora tiene que cambiar de rumbo antes de que nos destruya la casa.
Semanario virtual "Caja de Herramientas" - 2012

Razón Pública - 2012

sábado, abril 09, 2016

¡MINUTOS! ¡MINUTOS!


Este relato forma parte del libro "El Universo amarrado a la pata de la cama", publicado por Villegas Editores en 2004

Esa calle, que otrora fuera uno de los jugaderos de una de mis múltiples infancias, hoy, día y noche, vive atiborrada.

De carros y de gente. De miseria. De billete.

Te piden de todo y te ofrecen de todo: lapiceros Mont Blanc y relojes Rolex (por supuesto imitaciones). Lustrada de zapatos, aunque vayas con tenis. Me imagino que si pasas descalzo, te ofrecerán un pedicure o un masaje. Que de hecho lo ofrecen: “¡Chicas! ¡Chicas!”. Sujetos con esmoquin que reparten tarjetas. De vez en cuando aparece alguien a venderte un DVD player o un juego de herramientas.

Sobre el andén, en mantas de colores, los artesanos exhiben manillas trenzadas, collares y argollas. Alguno dibuja con candela rodeado de público.

El comercio formal se divide entre bares, almacenes de ropa deportiva, sex shops, establecimientos de comida rápida, restaurantes de moda (con decenas de escoltas a la espera) y uno que otro local con libros y artefactos de la Nueva Era.

De un tiempo para acá, entre los vendedores ambulantes, han aparecido tipos y muchachas que te ofrecen “minutos”.

Yo, por principio, me negaba a comprarles. Me parecía que era rendirme ante la violación de mis derechos más fundamentales.

Cada vez hay más vendedores y vendedoras de minutos, y cada vez hay más gente que les compra. Gente que hace cola para someterse a ese negocio, redondo e infame, del cual, por supuesto, los vendedores callejeros son apenas un instrumento. Y otras víctimas.

Como les decía, yo me había negado sistemáticamente a unirme a esa cadena miserable. Pero hoy, parado en esta esquina, rodeado de carros y de gente, bajo un sol canicular que me incinera la cabeza, siento una opresión creciente en las costillas y una urgencia irresistible de comprarles.

De pronto me veo a mí mismo, en contra de mis principios, parado en una de esas colas.

-       Dame veinte minutos-, le digo a la muchacha de bluyín descaderado, que me pasa un pequeño envase plástico, con un paisaje suizo en la etiqueta.

-       ¿Con válvula o sin válvula? – me pregunta.

-        Con válvula-, le digo como con vergüenza. – Es la primera vez que compro.

-        Las instrucciones están en el envase-, me dice de manera mecánica mientras recibe la plata.

Levanto una lengüeta, como indican las instrucciones, y pego la nariz al envase.

Espero que esos veinte minutos de aire me alcancen para llegar hasta mi casa.

Paro un taxi.

viernes, marzo 11, 2016

BITÁCORA DEL AGUACERÓN


 
Prolongada ducha de las palmas Yucca

 
 
 
 
Finalmente logro fotografías un rayo diurno

 
Así cerró la tarde

"El obsceno pájaro de la noche"

lunes, febrero 15, 2016

¿Bogotá no necesita sabios?


¿Renunciaría hoy una institución de salud a un investigador especializado en el zika?

“España no necesita sabios”

El próximo 29 de Octubre se cumplen 200 años del fusilamiento por la espalda del Sabio Francisco José de Caldas.


Al Capitán de Fragata Pascual Enrile, oficial del ejército del “Pacificador” Pablo Morillo, se le atribuye, posiblemente de manera apócrifa, la tristemente famosa frase “España no necesita sabios”. Otros se la adjudican a Morillo.

Se cuenta que lo mismo - “la República no necesita sabios”-  había dictaminado un tribunal de la Revolución Francesa cuando ordenó guillotinar a Antoine Laurent Lavoisierhoy honrado con el título de “Padre de la química moderna”.

Lo cierto es que Caldas, junto con Miguel Bush (español que respaldaba la causa independentista) y Francisco Antonio Ulloa (patojo como Caldas), fueron pasados por las armas en la entonces plazuela de San Francisco de Bogotá, hoy parque Santander (frente a la DIAN).

En desarrollo de la llamada “Reconquista Española” (Vamos a recuperar la Nueva Granada), se tomaron represalias contra todos los que habían tenido algo que ver con el “Grito de Independencia” del 20 de Julio de 1810 y que a partir de allí protagonizaron ese periodo que pasó a la historia como “La Patria Boba”.

El “Pacificador” ordenó reformatear todos los discos, borrar todas las memorias, fusilar a todos sus opositores y adelantar una campaña de represión general que culminó (al menos con esos protagonistas) con la Batalla de Boyacá el 7 de Agosto de 1819.


Se salvaron los icones o dibujos de la Real Expedición Botánica, de la cual habían formado parte varios de los fusilados, porque Morillo, en un rapto de sensibilidad estética más que de interés científico, ordenó enviarlos a España, pero desaparecieron los documentos escritos que describían el contenido de las láminas.

150 años después le correspondió a ÁlvaroFernández Pérez, otro naturalista de Popayán, coterráneo de Caldas, reconstruir los textos de uno de los tomos sobre orquídeas de la Expedición Botánica.

Estados Unidos sí necesita sabios

En 1945, cuando ya la Alemania nazi tenía definitivamente perdida la guerra, los Estados Unidos llevaron a cabo la llamada “Operación Paper Clip” cuyo objetivo era sacar de Alemania una gran cantidad de científicos que habían participado en el desarrollo de armas y en otras investigaciones e invenciones al servicio del Tercer Reich.

Formó parte de ese botín de guerra el ingeniero aeroespacial Werner von Braun, quien logró entregarse, junto con otros científicos, al ejército de los Estados Unidos, antes de que llegaran los soviéticos a Peenemünde, el centro de investigación y desarrollo de cohetes de los alemanes. En ese centro nació, nada menos, el cohete V2, un misil supersónico con que los nazis bombardearon muchas veces varios objetivos, entre otros la ciudad de Londres.

Posiblemente habría habido argumentos suficientes para sentar a von Braun y a otros científicos de Peenemünde ante los tribunales, pero no: prefirieron asentarlos en un centro de investigación para que avanzaran en el desarrollo de la cohetería moderna y en 1955 le otorgaron a von Braun la nacionalidad norteamericana para vincularlo a la Nasa para que dirigiera la construcción de los cohetes Saturno.

Resultado: en 1969 el Saturno V, el cohete diseñado por von Braun, llevó por primera vez tres astronautas gringos a la Luna.

Como que Bogotá no necesita sabios…

La semana pasada, en el evento en el cual el Presidente de la organización Conservation International confirmó oficialmente la buena noticia de que su oficina para América del Sur había sido establecida en Bogotá, me enteré de la mala noticia de que Mauricio Díazgranados había sido removido de la Subdirección Científica del Jardín Botánico de esta misma ciudad, posición que venía desempeñando desde Mayo 2014 cuando Luisz Olmedo Martínez, el magnífico ex-Director del Jardín, lo convenció de que asumiera ese cargo.


Nadie niega ni cuestiona, por supuesto, la facultad de los gobernantes para elegir su equipo y para ejercer la facultad “de libre nombramiento y remoción” de sus colaboradores, pero no deja de sorprender que la Alcaldía Distrital y el Jardín Botánico se deshagan de un científico de la categoría internacional de Diazgranados: biólogo de la Universidad Javeriana con especialización en bioética en la misma universidad y doctorado en Biología de la Universidad de Saint Louis, Missouri, por recomendación expresa del Jardín Botánico de esa ciudad, con el cual la Universidad trabaja en llave.

No viene al caso presentar aquí el resultado de la actividad de Diazgranados en el Jardín Botánico de Bogotá, pero sí resaltar que bajo la dirección general de Luisz Olmedo Martínez y su equipo, cuyo componente científico lideró Diazgranados, se alcanzaron resultados concretos que pueden analizarse en detalle en el Informe de Gestión que presentó la Dirección saliente. Reconozco la elegancia del Jardín Botánico al conservar estos informes en su página web.


En los últimos años el Jardín se internacionalizó a través de acuerdos de cooperación suscritos o en proceso con el Reino Unido (Kew Gardens), Alemania (Berlín), EUA (Missouri y Smithsonian), Mexico (Universidad de Veracruz), Costa Rica (Lancaster Botanical Garden), Ecuador (Yachay Tech), Chile (Universidad de Valparaíso), Argentina (Universidad de Buenos Aires) y Brasil (Universidad de Sao Paulo).

Pero lo que más hay que lamentar del retiro de Diazgranados del Jardín es que, precisamente en este momento, se haya renunciado a un científico cuya especialidad es el estudio de la vulnerabilidad y de la respuesta adaptativa de los frailejones y demás especies de la biodiversidad de los páramos frente al cambio climático. 

La Corte Constitucional acaba de ratificar desde el ámbito jurídico, la importancia de los páramos para la viabilidad presente y futura del territorio colombiano, y es bien sabido que esos ecosistemas únicos están gravemente amenazados por el cambio climático. ¿Sacaría una institución de salud, en este preciso momento, a un investigador especializado en el zika?


Diazgranados y el equipo de científicos y jardineros especializados que él lideraba, lograron, con enormes esfuerzos, darle a vida en Bogotá a la única réplica de páramo que existe en el mundo. Las dificultades para hacerlo confirman la irreplicabilidad de estos ecosistemas y la importancia de protegerlos de todas las amenazas que los acechan.

Que yo sepa, este biólogo no tiene ningún tipo de filiación ni de militancia política. De tenerla, estaría ejerciendo legítimamente sus derechos constitucionales y eso no invalidaría ni su autoridad ni su trayectoria científica, pero lo más cercano que estuvo de la turbulenta política distrital, fue que en todos los modernos laboratorios que dejó instalados en el Jardín Botánico, trabajaban con Cajas de Petri. Yo le advertí que no faltaría algún “Pacificador” capaz de incurrir en un malentendido ideológico.

El evento de Conservation International al que hice referencia algunos párrafos arriba, estuvo inspirado por un lema: “Nature doesn’t need people, people need Nature” (La Naturaleza no necesita de la gente, pero la gente sí necesita de la naturaleza). Estoy totalmente de acuerdo con esa premisa, pero creo que en este caso particular la Naturaleza, y en particular la biodiversidad bogotana, sí necesitan un científico como Mauricio Diazgranados.

No olvidemos que el páramo más grande de la galaxia -el de Sumapaz- se encuentra en territorio del Distrito, y que el 70% del agua que consumimos cerca de 9 millones de personas en Bogotá y algunos municipios vecinos, proviene del páramo de Chingaza. Ambos páramos, como los demás de Colombia y de Suramérica, deben estar en cuidados intensivos y necesitan gente preparada que los entienda y atienda.

Concluyo esta nota con una reflexión de Miguel Delibes de Castro, en un artículo sobre Caldas que recomiendo leer. Se titula “España sí necesita sabios y en ella dice este autor español:

“Nos avergüenza Enrile, más tarde brillante gobernador de Filipinas. Pero tengo la impresión de que aún muchos consideran que los sabios son, entre nosotros, un prescindible adorno.” 

Gustavo Wilches-Chaux
Bogotá, Febrero 15 de 2016

domingo, enero 31, 2016

Islas de Calor Urbano, adaptación al cambio climático y escenarios de desarrollo regional para Bogotá-Cundinamarca



El concepto de Isla de Calor Urbano (en inglés: Urban Heat Island), describe el fenómeno en virtud del cual en las grandes ciudades la temperatura de la superficie y del aire sobre los cascos urbanos, es mayor que la temperatura en sus alrededores.

"Esta sección transversal a través de una ciudad típica muestra cómo las temperaturas son generalmente más bajas en las fronteras urbanas-rurales que en los densos centros de las ciudades"
Fuente: Lisa Gardiner / Ventanas al Universo, de acuerdo a una figura del Laboratorio Nacional de Lawrence Berkeley

De acuerdo con la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA), la diferencia de temperatura entre una ciudad promedio de un millón de habitantes y el campo circundante puede ser de entre 1 y 3 grados Celsius hasta 12 grados Celsius en condiciones especiales.

En términos generales las causas de las islas de calor urbano son, por una parte, la transformación del suelo por la urbanización, proceso que implica sustitución de áreas verdes por superficies duras; reducción de las superficies porosas a través de las cuales se producen intercambios de humedad y calor entre el suelo y el aire, materiales de construcción de edificios y vías que absorben gran cantidad de calor, y otros factores como la densidad entre las edificaciones y la altura de las mismas, que determinan que las ciudades retengan y acumulen una mayor cantidad de radiaciones calóricas procedente del Sol que la que retienen las zonas rurales.

Y por otra parte, las ciudades son en sí mismas grandes productoras y en alguna medida “exportadoras” de calor debido a la concentración urbana-humana, a las actividades productivas, a los medios de transporte y a la emisión de gases de efecto invernadero.

Ambas causas se retroalimentan positivamente entre sí, es decir, se refuerzan mutuamente, e incrementan la intensidad del fenómeno.


 Fuente: Action BioScience

Las islas de calor urbano no son producto del cambio climático sino que surgen independientemente de ese proceso global, pero por supuesto su intensidad y su impacto aumentan a medida que aumenta la temperatura promedio del planeta y con ella la temperatura del territorio del cual cada ciudad forma parte. Un documento de la EPA sobre el tema describe las islas de calor urbano como “cambios climáticos locales”.

Lo mismo puede afirmarse de la relación entre las islas de calor urbano y esa expresión de la variabilidad climática que es el fenómeno de El Niño. En este momento (principios de 2016) las islas de calor urbano en las ciudades colombianas producen unos efectos de elevación de temperatura, concentración de la contaminación atmosférica e inversión térmica mucho más fuertes que cuando no existe la presencia de El Niño.


Cómo reducir el efecto de las islas de calor urbano

Entre las medidas para reducir el efecto de las islas de calor urbano a nivel interno de las ciudades, se recomiendan el incremento de las áreas verdes, la plantación de grandes cantidades de árboles en las zonas urbanas, la utilización de materiales con baja capacidad de absorción de calor en edificaciones, plazas, andenes, calles y autopistas, “techos verdes”, el uso de medios de transporte no contaminantes, etc.

¿Densificación o expansión?

Uno de los factores que incrementa el efecto Isla de Calor Urbano, ya lo dijimos, es la densidad en el territorio urbano de las edificaciones (y por ende de las personas y sus actividades) y la altura de los edificios, lo cual a primera vista aconsejaría extender la ciudad para reducir el problema.


Sin embargo esto resulta mucho peor si se tiene en cuenta el impacto que genera la expansión de la costra urbana sobre el territorio, ya no solamente por la impermeabilización de los suelos, la consecuente alteración del ciclo de agua (incluyendo la ruptura de los intercambios entre aguas atmosféricas, superficiales y subterráneas), el deterioro y en muchos caos la destrucción de humedales y la invasión a los cauces de ríos y quebradas, sino además por el impacto que genera la conurbación sobre las comunidades campesinas, la producción de alimentos y la biodiversidad rural. 


Bogotá desde la Estación Espacial Internacional

Además de un impacto especialmente indeseable que suele ocurrir la mayoría de las veces, como es la pérdida de la autonomía e identidad de los municipios y localidades que la gran ciudad materialmente se termina tragando. Ejemplo cercano, la manera como Bogotá materialmente se tragó los municipios de Usme, Bosa, Usaquén, Suba, Fontibón y Engativá para conformar en 1954 el Distrito Capital, y como se unió físicamente con Soacha sin solución de continuidad. 

Como las metrópolis no se encuentran solas en los territorios, la reducción de los problemas derivados de este fenómeno urbanocéntrico no se pueden tomar teniendo en cuenta sólo los intereses de la ciudad más grande de la región, sino que debe llevarse a cabo de manera concertada entre las zonas rurales y los demás núcleos urbanos que la comparten.

Lecciones para Bogotá

Bogotá, por supuesto, también es la capital de las islas de calor urbano colombianas. La extensión de su costra urbana, mayor a 40 mil hectáreas (400 kilómetros cuadrados) y su gran número de habitantes, de vehículos y de actividades productivas, así lo determinan. 

Sin embargo, al mismo tiempo, Bogotá posee múltiples ventajas con respecto a otras ciudades del mundo, comenzando por el hecho de que hasta el momento sus habitantes no hemos requerido ni calefacción ni aire acondicionado para mantener la habitabilidad de las edificaciones ni en invierno ni en verano. Estos dispositivos incrementan el uso de energía, la presión sobre el agua en las hidroeléctricas y las emisiones de gases de efecto invernadero.

Además, al menos en esas condiciones que llamamos “normales” (hoy ausentes por efectos de El Niño…situación que puede volverse permanente por elcambio climático) el régimen de vientos y de lluvias reduce un poco el impacto, hacia el interior y hacia los alrededores, de la isla de calor urbano.

La solución para Bogotá ya está inventada… aunque no sabemos si va o no a implementarse, pues en este momento todo parece indicar que se está fortaleciendo el escenario tendencial que se describe más adelante y que en su momento se identificó como el menos adecuado.

De las ciudades a las regiones: desarrollo regional integrado en Bogotá-Cundinamarca

Por una parte, en lo que a Bogotá respecta, todas las medidas que comienzan a planearse o a tomarse frente al cambio climático -reducir emisiones de gases de efecto invernadero (mitigación) y fortalecer la resiliencia del territorio para absorber sin traumatismos sus efectos (adaptación)- resultan pertinentes también frente al efecto Isla de Calor Urbano.

Por otra parte, la estrategia de desarrollo regional más importante para la ciudad y para toda la región a la cual la ciudad pertenece, y para todos sus componentes urbanos y rurales, quedó planteada desde principios de la década pasada como resultado de un proceso con amplia participación interinstitucional que se denominó “Mesa de Planificación Regional Bogotá-Cundinamarca” y que culminó con una propuesta de escenarios para el desarrollo regional integrado entre Bogotá y Cundinamarca. Uno de esos escenarios se identificó como “deseado”. Los otros dos se desaconsejaron.

En ese momento el tema del cambio climático y de la variabilidad climática extrema no era prioritario en ninguna agenda estatal ni privada, y creo que en ese proceso tampoco se mencionaron ni preocupaban las islas de calor urbano. Sin embargo los resultados de ese proceso resultan totalmente pertinentes frente a estos problemas que hoy sí son fuertemente sentidos y prioritarios.

La dirección de la Mesa de Planificación estaba en cabeza del Alcalde de Bogotá (Antanas Mockus), el Gobernador de Cundinamarca (Álvaro Cruz), el Director de la CAR (Darío Londoño) y el Director del DNP (Santiago Montenegro). La Secretaría Técnica la ejercía Claudia Hoshino, Coordinadora para América Latina y el Caribe del Centro de Naciones Unidas para Desarrollo Regional UNCRD. La coordinación del equipo técnico de apoyo estuvo a cargo del arquitecto y urbanista Mario Noriega.

En ese proceso, en el cual participaron 2.754 personas y 238 instituciones (incluyendo entidades de todos los niveles, universidades, organismos internacionales, etc.), a través de 132 talleres se llegó a la conclusión de que el escenario ideal o deseado era el que en ese momento se denominó Escenario 3: desconcentrado o red de ciudades compactas y autónomas.


Escenarios referenciales

 El Escenario 1: concentrado, “es aquel hacia el cual está avanzando la distribución de la población y el desarrollo en el área de estudio y hacia el cual seguirá avanzando si no se toman medidas que promuevan el fortalecimiento de un escenario diferente. En este escenario el desarrollo se concentra en Bogotá y sus municipios más próximos, y el resto del área de estudio se adecua a las condiciones y necesidades del desarrollo irradiado desde el centro."


Escenario 1: el tendencial

El Escenario 2: lineal, “propone una estructura lineal del desarrollo a lo largo del corredor determinado por la cuenca del Río Bogotá desde su nacimiento hasta el Municipio de Girardot. Incluye la articulación de los municipios de la Sabana de Bogotá con todos los que constituyen las provincias localizadas a lo largo de la cuenca, e involucra directamente a 66 municipios de Cundinamarca y al distrito Capital. Se supone que la consolidación de este corredor irrigaría en el largo plazo el desarrollo hacia el resto del área de estudio."

Escenario 2

El Escenario 3: red de ciudades compactas y autónomas, “supone que el desarrollo puede distribuirse en varios puntos estratégicos de toda el área del Departamento de Cundinamarca, a través de una red de ciudades compactas y autónomas. La concentración de las inversiones se determina a partir de identificar subregiones conformadas por la combinación del manejo de los ejes de movilidad (vías, ferrocarril, transporte fluvial, etc.), de las características y jerarquía funcional de asentamientos existentes, y del manejo de unidades geográficas como cuencas o valles. Este escenario no se limita a considerar acciones de integración dentro del Departamento de Cundinamarca sino que explora el refuerzo de los vínculos que existen con ciudades, territorios y departamentos vecinos."

Escenario 3: el deseado

Los últimos renglones se concretaron con la creación de la RAPE, Región Administrativa de Planeación Especial, en la cual se integran los departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Tolima y Meta y el Bogotá Distrito Capital. Muchas veces he manifestado mi convicción de que este proceso es uno de los pasos más importantes que se han concretado en Colombia con miras a la gestión territorial y la adaptación al cambio climático. Es de destacar la importancia que desde un principio se le ha otorgado a la sustentabilidad ecosistémica (con énfasis en los páramos), al agua y a la gestión del riesgo de desastres.

Ojalá la RAPE y sus propósitos sigan contando con voluntad política y tengan la necesaria continuidad efectiva ahora, cuando han cambiado las cabezas de las entidades territoriales que la conforman. De lo contrario entraría a formar parte de la lista de procesos innovadores que han comenzado en Colombia y que precisamente por falta de esa voluntad política, se han apagado sin pena ni gloria, pero con gran perjuicio para los territorios, sus economías, sus ecosistemas y sus comunidades.



La gráfica muestra las implicaciones de cada uno de los escenarios sobre la inversión en gestión de cuencas hidrógraficas


Distribución del incremento de población en cada escenario

También como resultado de la Mesa de Planificación Territorial y mucho antes de la constitución de la RAPE, el Gobierno Nacional expidió en 2003 el CONPES 3256 con las “políticas y estrategias para la gestión concertada del desarrollo de la región Bogotá-Cundinamarca”. Habría que evaluar qué efectos reales ha producido ese documento de política pública o si, como tantos otros CONPES, se quedó engavetado.

La Región Hídrica del Río Bogotá y la Reserva van der Hammen

A la luz de ese Escenario desconcentrado o red de ciudades compactas y autónomas hay que leer propuestas como la de la Región Hídricadel Río Bogotá que desde hace varios meses ha venido formulando la Gerencia de Planeamiento y Control de la Empresa de Acueducto de Bogotá, y bajo esa misma luz hay que valorar la importancia estratégica de la Reserva Thomas van der Hammen (RTvdH) en el borde norte de Bogotá, que hoy se encuentra en el centro de una polémica entre el Alcalde de Bogotá y quienes desde hace muchos años vienen impulsando esa reserva que se encuentra legalmente constituida por las autoridades distritales y ambientales.

Reserva Thomas van der Hammen
Al fondo Monserrate

Se ha intentado descalificar la Reserva porque no contiene la biodiversidad que, por ejemplo, tienen nuestros Parques Nacionales Naturales, y se afirma que gran parte de sus terrenos son potreros y escombreras. 

Forma parte de la reserva el Bosque de Las Mercedes (link página 24) que constituye el último relicto de la flora original de esta parte de la Sabana. Pero claro, ese bosque no ocupa toda el área reservada.

Sin embargo, descalificar la reserva porque no es un escenario de megabiodiversidad, equivale a descalificar los discos que tenemos entre nuestras vértebras (discos intervertebrales) porque no tienen neuronas. 

Porque precisamente la principal función de áreas como la RTvdH es cumplir entre varios territorios de la región y particularmente entre núcleos urbanos, la misma función que esos discos entre las vértebras: amortiguan los esfuerzos y facilitan la articulación entre las vértebras, pero impide que se rocen unas con otras.

Cuando el Ministerio de Ambiente, la Academia Colombiana de Ciencias y la CAR avalaron la constitución de esta reserva, tuvieron en cuenta esta y otras muchas consideraciones, basados en estudios científicos que, hasta donde sé, no han sido revaluados.

Una curiosidad alrededor de la metáfora

Como mera curiosidad voy a transcribir lo que se afirma sobre el núcleo pulposo que forma parte de los "discos intervertebrales". Cuando terminen de leer entenderán por qué esta transcripción (resaltados míos):


"El núcleo pulposo se dispone en el centro de todos los discos donde tiene una posición ligeramente posterior. Está formado por una masa gelatinosa de material mucoide muy hidrófilo, con un contenido en agua que oscila entre el 70-90% de agua (máximo en las primeras etapas de la vida y que decrece con la edad) y un contenido de colágeno entre 15-20% (mayor en los discos cervicales y menor en los discos lumbares). En esta masa gelatinosa se han identificado mucopolisacáridos (como son el ácido hialurónico, el condroitín-sulfato y el querato-sulfato) unidos a determinadas cadenas polipeptídicas formando proteoglicanos, cuya función principal es absorber y retener agua como una esponja, y algunas células cartilaginosas responsables de su síntesis. Estos proteoglicanos aportan el 65% del peso en seco del núcleo pulposo. En el interior del núcleo no existen vasos ni nervios.
El núcleo pulposo ocupa el 30% al 50% del área total de la sección transversal del disco, siendo mayor el tamaño y la capacidad de aumentar su contenido de agua en las zonas cervical y lumbar. Durante la carga de la columna, el núcleo pulposo actúa hidrostáticamente, constituyendo una especie de almohada entre los cuerpos vertebrales que permite el almacenamiento de energía y la distribución uniforme de la presión. Hay que tener en cuenta que el material nuclear es sólo ligeramente compresible, por lo que una carga compresiva excesiva puede provocar que el disco protruya lateralmente." 
Protruir (según el DRAE), dicho de una parte del cuerpo o de un órgano: desplazarse hacia adelante, sobresalir de sus límites naturales, de forma natural o patológica.

Tanto en el territorio como en nuestro cuerpo humano y en general en el de todos los seres vivos, incluyendo la Tierra, el AGUA (superficial, atmosférica, subterránea y la que se encuentra en la biomasa) es un actor fundamental para la Vida y su resiliencia frente a múltiples dinámicas internas y externas al organismo