domingo, agosto 18, 2019

La vulcanología, una ciencia social

Prólogo de Gustavo Wilches-Chaux al libro "Reasentamiento en la zona de amenaza volcánica alta del volcán Galeras 2008-2010"
Tesis de Maestría de Vicky Delgado Zambrano (2019)

Si en gracia de discusión aceptáramos que existe una división real entre las llamadas “ciencias sociales” (“las que estudian el comportamiento del hombre en la sociedad y sus formas de organización”y las llamadas “ciencias de la Tierra” (“las disciplinas de las ciencias naturales que estudian la estructura, morfología, evolución y dinámica del planeta”), tras leer esta tesis con que Vicky Mabel Delgado Zambrano culmina su “Maestría en Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo” en la Universidad del Cauca, quedaríamos tentados a pensar que la vulcanología debe ser reconocida también como una “ciencia social”. Pero cada vez somos más conscientes de que no existe esa supuesta división, y precisamente trabajos como este contribuyen a explicar por qué.
Las “ciencias sociales” y las “ciencias de la Tierra” son ópticas complementarias con las cuales se mira una misma y compleja realidad: es el acoplamiento entre los dos ojos y el cerebro, lo que nos permite formarnos una imagen multidimensional de esa realidad. Y es el continuum gestión ambiental-gestión climática-gestión del riesgo el que nos permite interactuar con ella para mejorar nuestra relación con el planeta.
Volcán Galeras
Intento identificar de qué volcanes terrestres podríamos afirmar que de una u otra manera no generan efectos sociales (económicos, políticos y culturales en general, incluyendo a los procesos que estudian las “ciencias de la salud”) y las primeras que se me vienen a la mente son las dorsales oceánicas, esos volcanes longitudinales que se elevan en el fondo de los océanos y a lo largo de los cuales se separan las placas continentales en ese proceso conocido como Tectónica de Placas. Es cierto sí, que en esas profundidades no existen comunidades humanas, pero también lo es que de las dinámicas que se generan -o más bien: que se expresan- en esas dorsales, depende en gran medida que la corteza de la Tierra sea como es y que las especies que hemos evolucionado sobre la misma, incluida por supuesto nuestra especie humana, seamos como somos hoy.

Recordemos que la cintura de la Tierra -la llamada línea ecuatorial- tiene una longitud de apenas 40.075 kilómetros, que es una distancia que fácilmente recorre en pocas semanas un taxi de cualquier ciudad, y que en este preciso momento la población humana se aproxima a los 7.800 millones de individuos. Cada vez que en algún lugar de la Tierra ocurre un sismo o hace erupción un volcán, con efectos de distinto tipo y magnitud sobre alguna porción de la población humana, estamos recibiendo un mensaje de la Tectónica de Placas y de las dinámicas que se generan a partir de allí.
Un volcán, pues, no es una cosa inerte, sino un ser vivo a su manera: la expresión visible -sentible- de procesos más profundos y de muy larga duración, y además un actor decisorio del territorio que desde muchos millones de años antes de que apareciéramos los seres humanos está ahí. Y que, como bien sabemos quiénes hemos reflexionado sobre el tema o hemos convivido con algún volcán, ha tenido y tiene entre sus múltiples funciones la de hacer, por las buenas o por las malas, eso que hoy se denomina “ordenamiento territorial”.

Un actor decisorio que, además, nunca ha dejado de reafirmarse como tal. En cuanto hace referencia a las últimas décadas del siglo XX, en este mismo documento leemos que “después de 52 años de inactividad, el volcán Galeras se reactivó en el segundo semestre de 1988; cabe anotar que durante este primer periodo de reactivación se produjeron siete eventos eruptivos, registrados cronológicamente así: el 4 de abril de 1989, el 16 de julio de 1992, el 14 de enero de 1993, el 23 de marzo de 1993, el 4 de abril de 1993, el 13 de abril de 1993 y el 7 de junio de 1993; de allí hacia adelante el volcán Galeras continua activo hasta nuestros días, con escasos periodos de inactividad.”
Volcán Galeras con Pasto al fondo (2018)
Vicky Delgado hizo un curso intensivo sobre el Galeras, cuya aula, laboratorio y maestro principal fue el Galeras, entre 2008 y 2010, como integrante del equipo que se conformó en desarrollo del “Proceso Galeras”, y que, según ella misma relata, “asumió el reto de la intervención profesional en la ZAVA (Zona de Amenaza Volcánica Alta), teniendo que afrontar no solo el rechazo apenas comprensible de las comunidades afectadas ante los precedentes de la reactivación y el manejo de la emergencia, su baja percepción del riesgo y su profundo arraigo territorial, sino también las dificultades de gobernabilidad frente a las responsabilidades de cerca de 30 instituciones que hacen parte del Sistema Nacional para la Prevención y Atención de Desastres, donde se incluye a las autoridades gubernamentales en el ámbito nacional, regional y local de cada uno de los municipios de la ZAVA”.
Albergue en Mapachico, municipio en la ZAVA (2007)
La “Maestría en Estudios Interdisciplinarios del Desarrollo” que adelantó en la Universidad del Cauca y con la orientación de sus profesores, ha sido una valiosa oportunidad para sistematizar los aprendizajes que obtuvo en ese posgrado profesional y vivencial como integrante del equipo descrito, y de la mano de todos los actores humanos y no humanos del territorio donde trabajó.

Una oportunidad también para realizar esa sistematización desde la visión de grandes generadores de escuelas de pensamiento, cada vez más vigentes, sobre el desarrollo, la comunicación, la investigación, la participación y, en últimas, sobre el sentido de ser de nuestra especie humana en un mundo cada vez más convulsionado y que nos exige realizar una profunda transformación cultural y ética, si como especie queremos permanecer en la Tierra. A muchos autores de esos ya los conocía, pero a otros los he venido a conocer aquí. Por eso no solamente valoro la generosa invitación a escribir este Prólogo como un gran honor, sino como una oportunidad para aprender.

Resalto con entusiasmo que entre esos autores incluya Vicky al inmortal Aurelio Arturo, con lo cual reconoce que la poesía es una de las formas a través de las cuales se expresa la Inteligencia del Cosmos y definitivamente uno de los logros que, junto con la ciencia aplicada en favor de la Vida y junto con las demás expresiones del arte, sacan la cara por la humanidad.
Dice expresamente la autora refiriéndose a “Morada del Sur”, que “para el caso de la presente investigación, más allá del trazo literario y poético por cierto extraordinarios, se incorpora al sentido original de otro mundo posible. Las evocaciones de este poeta dan cuenta de episodios vividos que afloran a través de su canto a la tierra y su amor por la naturaleza, la esperanza y el sueño de un pueblo que continua latente a través de la poesía, muy cercano a las ausencias y presencias que confluyen más allá del tiempo pasado, presente y futuro y al espacio geopolítico como sucede en la ZAVA.”

(Aprovecho para agradecer a Vicky, no sin rubor, que me haya otorgado un espacio para compartir el vecindario con tan selectos pensadores)

Mi primera reacción al terminar de leer los primeros capítulos de este libro fueron las ganas de compartirlo con mucha gente, y la reafirmo ahora como convicción al llegar al final. Tanto para quienes militan en las ciencias sociales, como en las ciencias naturales, y para quienes desde la teoría y en la práctica, en territorios concretos, construyen cada vez más puentes entre las dos, la lectura de estas páginas va a resultar de gran utilidad. Y así también, para quienes desde la cotidianidad de la institución pública, del proyecto de cooperación, de la organización no gubernamental o del liderazgo y la acción comunitaria, están comprometidos a construir la paz entre los seres humanos y de nosotros con la Naturaleza, y en este caso concreto con los volcanes activos.

Seguramente no es usual escribir un Prólogo con mapa, pero en este caso no he escapado a la tentación de incluir este que muestra los volcanes activos del mundo y, en color rojo, los que están en erupción en este preciso momento del 30 de Septiembre de 2018 cuando escribo esta reflexión.

Los diálogos de saberes (y los diálogos de ignorancias, que Vicky no menciona expresamente pero que están implícitos en cada renglón); la recuperación de la memoria de las comunidades y de los paisajes, guardada centenariamente en los mitos (Mito: una de las tantas palabras que deben ser liberadas para que recuperen su sentido real) y en las toponimias, el significado de los nombres actuales o perdidos de cada hito o lugar; el estudio de las etimologías que nos permiten entender las palabras desde su raíz; la empatía con quienes sienten que el volcán es parte integral de su Identidad, son herramientas todas presentes en las páginas que se aprestan a leer.
Niños en el albergue (2007)

Aprovecho la hospitalidad que me ofrece la autora, para incluir aquí algunos aprendizajes que he adquirido en situaciones como la que analiza esta tesis:

Para efectos del tema que nos ocupa, el de la salud afectiva, emocional y cultural en situaciones de desastre o de crisis en general, le otorgo especial importancia a la que podríamos llamar “pulsión de identidad”, entendida ésta como el sentido a través del cual sabemos y sentimos –valga la redundancia- que pertenecemos y que somos expresión y parte de un determinado territorio. Podríamos describir también la identidad, en este caso por defecto, con las palabras de un amigo que se vio obligado a salir de Colombia por razones de seguridad, y que me hablaba del “dolor de caminar sobre un barro de cual uno no ha sido amasado”.
Volcán Puracé
Desde siempre me ha interesado la exploración de la identidad y el carácter difuso de los límites entre el YO y el paisaje del cual formamos parte:

“…Yo mismo -escribí en un texto titulado ‘Popaiana: Sensaciones y Nostalgias’ en 1986- no podría afirmar que poseo una entidad y una identidad distinta de ese campo de fuerza que en algún momento impreciso se convierte en mi propia circunstancia, ni yo mismo podría asegurar exactamente en dónde termino yo y empieza Popayán (o viceversa). O en dónde termino yo y comienzan mis amigos, o mucha gente que teóricamente no conozco pero que veo todos los días; o en dónde terminan mis amigos y empiezan el volcán Puracé, la Plazuela de Santo Domingo o la Torre del Reloj. La propia identidad, como la piel, pasan de ser los límites del Yo, a convertirse en meros puntos de referencia, y uno, condensación temporal de la circunstancia y el instante, se diluye en la atmósfera interior de la burbuja cósmica…”

Más allá de la pulsión individual, el “narcisismo primario” es también una construcción cultural, el eje central de una cosmovisión predominante en distintas épocas de la humanidad, como la Edad Media, cuando los límites entre el individuo y el mundo eran reconocidamente difusos. Lo cual permitía, por ejemplo, la existencia de la Alquimia, el arte para la transformación del espíritu del artífice, a través de la manipulación y “elevación” de metales en el crisol. Porque espíritu y crisol no eran dos entidades diferentes, sino un continuum entre metáfora, sensación, conocimiento y realidad.

Esa identidad se manifiesta y defiende de manera expresa en las comunidades étnicas, que saben que su existencia y supervivencia resultan inseparables de su territorio –de la Madre Tierra- pero no se limita a esas comunidades. Consciente o inconscientemente, la mayor parte de los seres humanos heredamos y establecemos lazos de identidad y de afecto con el territorio del cual formamos y nos sentimos parte.



El desafío de reordenar las relaciones entre las comunidades de la ZAVA y SU VOLCÁN, de manera que este hito de su más profunda identidad no vaya a desencadenar un desastre, sigue totalmente vigente y existe la obligación irrenunciable de afrontarlo por parte de las instituciones y demás actores responsables de garantizar el respeto a los Derechos Humanos, comenzando por el Derecho a la Vida de las generaciones actuales y de las que han de venir.

Lograrlo sin que se violen esos mismos Derechos que se pretenden defender, solamente es posible a través de la participación efectiva de todos los actores del territorio comenzando, sin lugar a dudas, por el dueño del patio, que es el mismo volcán.

Este libro nos muestra muchas de las claves para establecer esos diálogo de cosmovisiones, y entre actores humanos y no humanos, al que es necesario acudir.

De lo contrario, como escribí alguna vez, veo más viable cambiar de sitio el volcán, que lograr que esas ocho mil personas salgan definitivamente del lugar.”


Gustavo Wilches-Chaux




[ 

Manifestación de URGENCIA a Candidatos y Candidatas a cargos de elección popular: Gestión verdaderamente "sostenible" de sus territorios… o ERROR FATAL


Señoras y señores, candidatas y candidatos a Gobernaciones, Asambleas Departamentales, Alcaldías, Concejos Municipales y cargos de gobierno en general:

Imagínense que alguno o alguna de ustedes nota que su computador personal comienza a portarse muy raro, y como se ha enterado de que en ese momento hay en el mundo una epidemia de virus informáticos desatada por hackers con claras intenciones de perjudicar la red global, llama a un técnico para que examine, limpie, vacune y asegure el computador.

El técnico ingresa al sistema, manifiesta que todo está bien, remueve un par de programas y actualiza otros dos, elimina unas cookies y le dice que no hay motivo de preocupación. Usted le paga. El técnico se va.

Usted se queda trabajando un par de horas en su computador, pero al rato vuelve a notar que el aparato no es el mismo de siempre. Se porta extraño, vuelve a fallar.

Aparece un letrero que le indica que debe realizar una actualización, proceso que va a durar varias horas. Usted decide irse a acostar mientras se carga la actualización.

Al día siguiente, como todos los días, usted enciende su aparato, y tras esperar un rato muy largo, finalmente aparece una pantalla azul. A pesar de que ejecuta todas los pasos rutinarios para comenzar a trabajar, no logra cargar ningún programa ni acceder a ninguna información. En la pantalla aparece y queda pegado ese temido aviso con letra de tango o de bolero del despecho, que advierte implacable que ha ocurrido un FATAL ERROR. Un ERROR FATAL.



Resuelve entonces llamar a otro técnico para que revise el computador. Su preocupación aumenta a medida que este señor manipula el aparato sin lograr entrar. Conecta un disco externo, teclea nuevas instrucciones, la pantalla se llena de largas hileras de letras y de números que cambian con rapidez… y finalmente el técnico le confirma el veredicto fatal: se ha borrado toda la información que tenía en su computador. Le dice que el software vital del aparato está corrupto (palabra que incrementa su desconcierto) y que eso incluye al antivirus con que usted tenía protegido el computador. Le advierte también que es posible que esté afectado el hardware del aparato. Mejor dicho: que su computador se fregó.

- ¿Qué puede haber pasado?, pregunta usted.

- Parece que la persona que vino ayer desactivó el antivirus, y mientras se cargaba la actualización, el computador fue invadido por una cantidad enorme de virus informáticos que causaron esa devastación.



Entre la información que se perdió, había mucha que usted sabe que nunca podrá recuperar, pues no tenía back ups. Es un hecho desastroso, pues ha perdido una cantidad enorme de información personal y familiar que -se repite mil veces en su interior- nunca podrá recuperar.

Intenta llamar varias veces al técnico de ayer pero no consigue comunicarse. Una grabación le dice que “El número marcado no se encuentra en servicio”. Usted está indignado y quiere pedirle explicaciones, demandarlo, decirle que es un criminal. Un criminal malintencionado, o en el menos grave de los casos, el responsable de un descuido criminal. Los perjuicios que ha causado esa actuación no solo lo afectan a usted, sino también a sus hijos y nietos, que han perdido para siempre una parte significativa de la memoria familiar, que a su vez es un componente importante de su Identidad.

El Sistema Territorio

Ustedes están aspirando a cargos de elección popular, que de alguna manera los hace responsables del manejo de ese sistema complejo -conformado por subsistemas interrelacionados- que es el territorio que pretenden gobernar. En otras palabras, está en sus manos tomar una cantidad enorme de decisiones de las cuales, de una u otra manera, va a depender la calidad de vida -y la vida misma- de todos los seres humanos y no humanos que constituyen ese territorio. De las generaciones actuales y de las que vendrán después.


Centro de Bogotá y Cerros Orientales

Recuerden que ustedes no solamente van a gobernar sobre las comunidades humanas, sino sobre los ecosistemas y todos los seres que los conforman, tales como las plantas, los animales (comenzando por los insectos), los hongos y demás organismos y microorganismos que determinan que los suelos sean, en sí mismos, otros seres vivos: nada menos que la base de esa compleja red de intercambios de materiales, de energía y de información de la cual dependemos también las comunidades humanas para existir.


Entre los seres vivos no humanos existen varios que no lo están de la manera biológica convencional, pero que también se transforman de manera permanente, interactúan entre sí, tienen memoria y se hacen sentir: las dinámicas geológicas; el agua en todas sus expresiones y formas (agua líquida, agua sólida o congelada, vapor de agua, aguas subterráneas, aguas atmosféricas -que incluyen a las nubes y aguas que corren sobre la superficie del territorio. La niebla; y el agua que está incorporada a los seres vivos, también).

Ciudad Bolívar - Bogotá

También son actores-activos y decisorios el clima y el tiempo atmosférico, que resultan de las interacciones entre múltiples factores, desde la altura y el relieve de los territorios que ustedes esperan gobernar, hasta la manera como la Energía procedente del Sol incide y se transforma en ese mismo territorio, o en los territorios vecinos que de una u otra manera inciden sobre el suyo, así como este incide sobre los demás.



A lo largo de siglos todos esos seres no humanos, unos con mayor contundencia que otros, han venido llevando a cabo eso que hoy denominamos “ordenamiento territorial”.

Y todos esos actores y factores generan una capacidad de autorregulación, muy similar a lo que hacen los sistemas que conforman “la inteligencia artificial” de su computador, entre los cuales cumple un papel muy importante ese antivirus que el técnico irresponsable desactivó.
Jericó, Antioquia

Varias veces, en otros textos sobre este mismo tema, he comparado también a los sistemas de autorregulación de los cuales depende esa capacidad que le permite al territorio transformarse para resistir y para recuperarse de los efectos que generan dinámicas externas o surgidas de su propio interior (resiliencia), con el sistema inmunológico de todos los organismos vivos, incluidos por supuesto los seres humanos.

En un artículo reciente afirmé:

"Con el perdón de los especialistas que, por supuesto, saben mucho más del tema que yo, me atrevo a afirmar que el sistema inmunológico de cada ser humano no está compuesto solamente por “una red de células, tejidos y órganos que trabajan en conjunto para proteger el cuerpo”, entre los cuales se destacan los leucocitos y el sistema linfático, sino que de una u otra forma surge de la interacción entre todos los sistemas concatenados del organismo (circulatorio, óseo, nervioso, digestivo, endocrino, muscular, respiratorio, reproductor, urinario), además del sistema afectivo, del sistema de creencias y valores y, en general del “sistema cultural” del cual cada uno de nosotros es expresión y parte. Esto quiere decir que todo uno es su sistema inmunológico."




En el caso de los territorios del planeta, incluidos los de Colombia, la gran amenaza que hoy pesa no solamente sobre su territorio sino sobre todos los demás territorios del país, no es, como en el caso de los sistemas informáticos, una epidemia viral.

Son los efectos del llamado Cambio Climático o Crisis Climática, que a su vez es el resultado de que con la manera irresponsable como nuestra especie humana se ha relacionado con la Tierra, la hemos obligado a activar su propio sistema inmunológico, sus propios mecanismos de autorregulación.


Manizales y Pereira

Muchas veces he repetido también, que nuestro desafío no es salvar el planeta (que se está salvando a sí misma a través del cambio climático), sino salvar la posibilidad de que nuestra especie humana pueda continuar formando parte del Él.

Cada persona que toma alguna decisión sobre algún territorio, desde su propio cuerpo hasta la Tierra entera, pasando por esos territorios que ustedes aspiran a gobernar, debe asumir ese desafío con plena responsabilidad actual e intergeneracional, porque ustedes van a tener que responderles a muchas generaciones por los efectos de las decisiones que tomen o que dejen de tomar.

Los antivirus de los territorios a su cargo

Tomen atenta nota, por favor: unos componentes centrales de los antivirus que les permiten a sus territorios protegerse de los efectos del cambio climático, son todos aquellos que conforman los llamados Patrimonio Natural y Patrimonio Cultural, la mayoría de las veces estrechamente interrelacionados entre sí. En gran medida la Cultura en sus distintas expresiones, surge precisamente de la necesidad que ha tenido y sigue teniendo nuestra especie de adaptarse dinámicamente para convivir sin traumatismos con las dinámicas del Patrimonio Natural.



Los ecosistemas urbanos y rurales, los bosques existentes en los campos, pueblos y ciudades, el llamado arbolado urbano, los humedales, los ríos y las quebradas, las aguas subterráneas, los suelos vivos (con todas las especies vegetales y animales que los conforman, y con todos los microorganismos que se encuentran encima o debajo de la superficie y que le otorgan al suelo resistencia, resiliencia fertilidad), todos esos actores y factores interactuando entre sí -digámoslo una y muchas veces más- nos permiten al territorio y a quienes existimos en él, convivir con los efectos de la crisis climática global con todas sus expresiones e impactos locales. No quiere decir que no vayamos a sentir los efectos de ese proceso global, pero sí que podremos convivir localmente con esos efectos sin que necesariamente se conviertan en catástrofes.

Río Cauca

Deteriorar -y peor aún: destruir- esos componentes y las interrelaciones que le otorgan al territorio salud ambiental, equivale al crimen que intencionalmente o por ignorancia o por descuido, cometió el técnico que desactivó el antivirus de su computador. Ustedes, de llegar a los cargos públicos a los que aspiran, no van a querer, por supuesto, quedar en la historia del territorio como quedó ese técnico pícaro o inepto en su historia familiar.

Cada vez que cuando estén ejerciendo esos cargos a los que hoy aspiran, piensen en talar un bosque urbano o rural, en cubrir de cemento un humedal, en alterar las condiciones que a unos y a otros les permiten absorber los efectos extremos del cambio climático o de la variabilidad climática.



Cuando les propongan cambiar vegetación natural por imitaciones sintéticas, o restringirle al agua sus derechos a fluir, a expandirse en temporadas de lluvias, a ser absorbida por los suelos, a que las cuencas estén protegidas por vegetación natural, recuerden el crimen que
cometió el bárbaro que privó del antivirus a su computador.

Cada vez resulta más claro que los desastres no son naturales sino, que como se dijo antes, son el resultado de decisiones equivocadas. O de decisiones necesarias y adecuadas que en algún momento se dejaron de tomar, por ignorancia, por descuido o porque existió de por medio algún interés contrario al bien común.

Cuando la Naturaleza no se respeta y no es escuchada por las buenas, protesta por las malas. Y a esas cuentas de cobro las llamamos desastres.

Recuerden que no basta que un proyecto o una intervención cualquiera que se lleve a cabo en el territorio, no solamente debe ser legal con el Estado, sino que también debe ser legal con lo ecosistemas, con las comunidades y con las generaciones actuales y con las que están por llegar. 


Jericó, Antioquia
La Naturaleza no come cuento: a un río, a un humedal, a un bosque o a una montaña a la cual se les violan sus derechos, no les importa si esa violación se ha llevado a cabo con licencia oficial.

Ustedes verán si se comprometen a propiciar un desarrollo verdaderamente sostenible, o si asumen la responsabilidad intergeneracional de cometer a sabiendas un ERROR FATAL.

Ustedes tienen la gran oportunidad de formar parte de una generación comprometida con la gestión social y ambientalmente responsable y verdaderamente sostenible, de esa porción del planeta Tierra que aspiran a gobernar.


Gustavo Wilches-Chaux

Ustedes deciden qué camino van a coger: 
Donde se tuerzan, la Naturaleza se los va a cobrar...


¡YO VERÉ!

miércoles, marzo 27, 2019

SOL ESQUINOC-CIAL en la tarde de hoy


 Cerca al amanecer

 5:37 pm





¿Salto o no salto?


La rodadita

 Actos reflejos



martes, diciembre 18, 2018

domingo, octubre 29, 2017

Reflexiones sobre la solidaridad entre el ambiente y la humanidad


Este artículo se escribió para el suplemento CALEIDOSCOPIO  - Suplemento de economía cooperativa y solidaria #17" del periódico "Desde Abajo", en el cual fue publicado 
Octubre 20 de 2017

La raíz

Coinciden quienes estudian la etimología de las palabras, en que “Solidaridad viene del adjetivo latino solidus, solida, solidum que significa sólido, macizo, consistente, completo, entero. También real, seguro, sin vanos artificios, firme. Y del verbo latino solido, solidas, solidare, solidaui, solidatum, que significa consolidar, dar solidez, asegurar, endurecer, soldar.”

De acuerdo con el diccionario, soldar significa “Pegar y unir sólidamente dos cosas, o dos partes de una misma cosa, normalmente con alguna sustancia igual o semejante a ellas.”



En el caso de la relación entre el ambiente y los seres humanos (vistos como especie, como individuos o como comunidad), la solidaridad no consiste tanto en hacer algo nuevo, sino en reconocer lo que es un hecho y actuar de conformidad. No es pegar y unir sino reconocer que ya somos-estamos indisolublemente unidos y pegados. O como lo decía hace varias décadas el inolvidable lema del “Grupo Ecológico del Cauca”, que “Nosotros somos la otra mitad del medio ambiente”.

Sistemas e interdependencias

La solidaridad, entonces, es actuar coherentemente con la convicción de que los humanos formamos parte de ese tejido de interdependencias condicionantes que se denomina biosfera y que, a su vez, está estrechamente interconectada con los demás sistemas (que no “capas”) de la Tierra: la atmósfera (aire), la hidrósfera (agua), la criósfera (hielo), la litósfera o geósfera (rocas)… y también la noosfera (“Conjunto de seres inteligentes del planeta” según Vernadski, primer formulador de este concepto que después desarrolló Theilhard de Chardin), y la infosfera, de la cual habló por primera vez Alvin Toffler, y que hoy se materializa en la internet.


Yo me atrevo a añadir la magnetosfera (surgida de la interacción entre el magnetismo terrestre y el viento solar), a este listado de sistemas concatenados (encadenados entre sí) que de alguna manera determina las condiciones de existencia de todos y cada uno de los demás sistemas y, en consecuencia, del planeta en su conjunto y de todos los seres que formamos parte de él.

En cada territorio y en cada ser humano confluyen todos estos sistemas concatenados: bien sabido es que somos el resultado de la interacción permanente entre dinámicas naturales y dinámicas culturales; resultado al cual se le puede aplicar ese adjetivo latino solidus, solida, solidum que, como indicamos en el primer párrafo, significa sólido, macizo, consistente, completo, entero. Entendiendo lo de sólido y macizo no en el sentido de su cohesión o estructura material, sino de la consistencia de su significado en términos de los procesos que han conducido a que la Tierra y las sociedades humanas seamos como somos hoy.

La solidaridad como “valor” y el valor de la solidaridad

Reconocemos la solidaridad como un valor, pero cuando voy a buscar en el diccionario el significado de valor, no encuentro ninguna que me satisfaga a cabalidad. Ni siquiera la primera, de acuerdo con la cual valor es “el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”.

Digo que, en cuanto hace referencia a la solidaridad -y a otros valores como la reciprocidad, la equidad o la identidad- no me agrada esta definición (ni mucho menos todas las que abordan la palabra desde una óptica predominantemente económica).

Y no me agrada porque solamente se le reconoce valor a algún ser, en la medida en que satisface las necesidades de alguien humano, pero no porque ese ser sea valioso por el mero hecho de existir.


Esta es una expresión de la ética antropocéntrica que mira al mundo, al Cosmos entero, no solo desde la óptica humana (lo cual sería lógico), sino desde los intereses particulares y por lo general exclusivos de nuestra especie: lo que no es útil para los seres humanos carece de valor y por tanto no tiene razón ni derecho a existir.

Muchos pensadores vienen insistiendo en la necesidad de dar el salto desde esa ética antropocéntrica, hacia una ética bio-ecocéntrica que reconozca que todos los seres vivos compartimos este planeta, y que por el mero hecho de existir poseemos una dignidad. Incluimos también a los seres que, como el agua convencionalmente no se suelen reconocer como vivos, pero que forman parte esencial de la Vida en la Tierra.


Creo firmemente que, así como hoy nos avergonzamos de una ética etnocéntrica que hasta no hace mucho tiempo orientó -o desorientó fatalmente- a la humanidad, una ética según la cual solamente una raza tenía derechos, incluyendo el de disponer de la vida y el destino de otras etnias, así en un futuro ojalá no lejano, la vergüenza por la manera como nuestra especie viene sacrificando la dignidad y la existencia misma de otros seres vivos, formará parte del consenso general.

La semilla de la ética bio-ecocéntrica ya está sembrada y no solo ya germinó, sino que está comenzando a dar frutos en los movimientos animalistas y en el movimiento ambientalista en general. La encíclica Laudato Si’ basada en el pensamiento bio-céntrico de San Francisco de Asís, también apunta en esa dirección.


El planeta Tierra, por su parte y de manera cada vez más explícita, está tomando medidas para ajustar sus sistemas concatenados para responder a la manera puramente antropocéntrica como la especie humana se ha venido relacionando con ella. Eso se expresa en el llamado “cambio climático”. O sea que, por las buenas o por las malas, si nuestra especie quiere permanecer en este planeta, esa ética antropocéntrica predominante tendrá que evolucionar.

Es aquí donde aparece muy claramente el valor de la solidaridad: la necesidad de entendernos como expresiones de esa unidad infragmentable que es el fenómeno vital. Y como dije atrás, de actuar coherentemente con esa convicción. Con pleno y directo conocimiento de que la coherencia no es fácil… pero que al menos podemos imponernos el difícil compromiso de intentar que cada paso que demos nos conduzca hacia allá.

De la solidaridad hacia una nueva identidad fractal [1]

La solidaridad, al contrario, por ejemplo, de la caridad (que es vertical), es una relación horizontal entre seres interdependientes. Su ejercicio puede hacerse válidamente desde lo que podría parecer una intencionalidad egoísta: Hoy por ti, mañana por mí. O más exactamente: Todo lo que haga por tu bien, lo hago también por mi bien. Todo lo que te dañe a ti, me daña también a mí.

Evado por ahora el debate sobre el significado de los valores [2], para mencionar que ese actuar de manera coherente con lo que significa la solidaridad, nos conduce a otros valores esenciales como la responsabilidad (ser plenamente conscientes de las consecuencias actuales y potenciales de nuestras decisiones u omisiones y de nuestra manera de actuar); y nos conduce también a la consolidación de una nueva identidad.




Identidad solidaria-responsable con el territorio del cual formo parte (desde mi entorno más inmediato hasta el planeta Tierra).

Identidad y solidaridad “de reino”, que me hace sentir y actuar de manera coherente con la convicción de que yo también soy un animal.

Identidad y solidaridad de género con el género humano y con el género del cual, biológicamente o por elección personal, cada cual es parte y expresión. Sin olvidar, por ejemplo, que el éxito en la relación de una pareja heterosexual depende de que la mujer interior del hombre esté enamorada del hombre interior de la mujer… y viceversa. En el ambiente y en cada ser humano está presente, en muchas formas, el Yin-Yang.



Solidaridad responsable y autocrítica con lo que soy, que es el resultado de la confluencia de todo eso que me otorga mi identidad fractal: terrícola, humano, americano, suramericano, colombiano, caucano, popayanejo y, desde hace casi dos décadas, parte activa de este territorio llamado Bogotá.

La necesidad de recuperar los sentidos olvidados

Lograr ese sentimiento de unidad, esa identidad fractal, exige que despertemos los sentidos que tenemos ahí, pero que se han olvidado y atrofiado porque durante muchas generaciones no los volvimos a usar.

Sentidos como la intuición, a la cual por esa estupidez máxima que es el machismo, renunciamos los hombres y se la dejamos exclusivamente a la mujer.

O como la empatía y la compasión, o sea, la capacidad de sintonizarnos para compartir la pasión con los demás seres que forman parte de esa misma unidad.

Solidaridad-identidad con los que sufren, sean humanos o no.


Y también el don de alegrarnos con los que gozan, como los árboles cuando llueve tras varios días sin llover, o las aves cuando cantan para celebrar el amanecer.

Tenemos que aprender, entonces, a desarrollar nuevas sensibilidades y más profundas y más efectivas formas de comunicación, con seres no humanos… pero también entre los seres humanos, cada vez más afectados por ese grave error de confundir la indigestión por exceso de información, con una verdadera comunicación.

Identidad-Solidaridad-Responsabilidad actual e intergeneracional, como expresión de la conciencia de que las decisiones que tomemos ahora van a generar consecuencias felices o desastrosas para las generaciones actuales y para las que nos van a heredar.

Comparto la idea de que somos protagonistas de una crisis civilizatoria sin precedentes. Y de que, para encontrarle salidas constructivas, que fortalezcan la Vida, necesitamos transformar profundamente nuestra forma de ser, de actuar y de pensar.

En otras palabras, en la teoría y en la acción, y en todo nivel fractal, debemos redefinir el significado de HUMANIDAD.

Bogotá, Octubre 12 de 2017



[1] La fractalidad es esa propiedad en virtud de la cual la Naturaleza de alguna manera se repite a sí misma a medida que cambia de escala. Ver aquí 

[2] También lo evado porque soy consciente de todas las infamias que se han cometido y se siguen cometiendo, supuestamente “en defensa de los valores”. Ese tema es para abordarlo en otra oportunidad.