jueves, enero 25, 2007

EL HIMNO DE BOGOTÁ

Cuando pensábamos que don Rafel Núñez había escalado cumbres inalcanzables en materia de literatura surrealista, aparece el maestro Pedro Medina Avendaño con la letra de una composición que, en franca lid, obtiene en 1974 el honroso carácter de Himno de Bogotá.

Por la parte considerativa del decreto que en el 2002 le otorgó la Orden Civil al Mérito "Ciudad de Bogotá" en el grado de Gran Cruz Distrital, nos enteramos de que el maestro Medina Avendaño, nacido en Cómbita (Boyacá) ha sido, fue o es Juez de Instrucción Criminal, Inspector de Policía de Bogotá, representante del Presidente de la República en comicios nacionales y departamentales, Asesor del Ministerio de Agricultura y Ganadería y Asesor del Consejo Nacional Electoral, y miembro de la Sociedad Santanderista de Colombia, de la Academia Boyacense de Historia y de la Asociación de Abogados egresados de la Universidad Nacional.

Mientras henchidos de fervor ciudadano y arrobados por las notas marciales y pegajosas del maestro Roberto Pineda Duque, entonamos el himno de esta ciudad que nos acoge y de la cual nos sentimos parte muchos de sus habitantes que no somos de aquí, meditemos un poco sobre el significado literal (o sobre el metafórico) de las distintas estrofas, ejercicio del cual, dicho sea de paso, muy pocos himnos podrían salir airosos. Con todo respeto, pienso que éste, el de Bogotá, no es uno de ellos.

¿Será que en 1974 Bogotá sí era como el himno que la canta? Por ejemplo, ¿que no había miedo en sus lindes ni codicia en su gran corazón? Lo dudo.

Cantemos pues.

A la una, a las dos y a las tres:

Coro:

Entonemos un himno a tu cielo,
a tu tierra y tu puro vivir,
blanca estrella que alumbra en los Andes
ancha senda que va al porvenir. (bis)

Estrofas:

Tres guerreros abrieron tus ojos
a una espada, a una cruz y a un pendón.
Desde entonces no hay miedo en tus lindes,
ni codicia en tu gran corazón.

Comentario: Para beber de una de las fuentes más directas posibles, leamos hacia el final de esta nota, lo que dice, sobre ellos mismos, don Gonzalo Jimenez de Quesada, uno de esos tres oftalmológicos guerreros.

Y claro, no se trata de que el himno les cante a la inseguridad, ni a los trancones, ni al "paseo millonario", pero que tampoco nos eche cuentos que nada tienen que ver con la realidad... a menos que estas sean las "rejas" a que se refiere una estrofa posterior.


Hirió el hondo diamante un agosto
el cordaje de un nuevo laúd
y hoy se escucha el fluir melodioso
en los himnos de la juventud.

Sin comentarios

Fértil madre de altiva progenie
que sonríe ante el vano oropel,
siempre atenta a la luz del mañana
y al pasado y su luz siempre fiel.

¡Ayyy Dios!

La sabana es un cielo caído,
una alfombra tendida a tus pies
y del mundo variado que animas
eres brazo y cerebro a la vez.

Sobreviven de un reino dorado,
de un imperio sin puestas de sol,
en ti un templo, un escudo, una reja,
un retablo, una pila, un farol.

Pregunta: ¿Será que antes de la llegada de los conquistadores españoles no había atardeceres en la Sabana? ¿O qué le quizo decir el maestro Medina a la posteridad con eso de "un imperio sin puestas de sol"? ¿Que el Sol nunca se ponía, como en el Imperio de Felipe II? (Gracias a Bernardo Gutierrez por la corrección histórica).

Al gran Caldas que escruta los astros
y a Bolívar que torna a nacer;
a Nariño, accionando la imprenta,
como en sueños los vuelves a ver.

Caros, Cuervos y Pombos y Silvas,
tantos hombres de fama inmortal
que en el hilo sin fin de la historia
les dio vida tu amor maternal.

Flor de razas, compendio y corona,
en la patria no hay otra ni habrá.
Nuestra voz la repiten los siglos:
¡Bogotá! ¡¡Bogotá!! ¡¡¡Bogotá!!!

Comentarios finales: No es que Bogotá no tenga múltiples "virtudes" que merecerían ser cantadas a diario y con emoción y apropiación, por todos sus habitantes sino, precisamente, que da pena que ninguna de esas características figuren en el Himno de la ciudad . Y que niños y grandes se vean en la necesidad de aprenderse estas... estrofas.

Ñapa: Lo que Jimenez de Quesada escribe sobre los conquistadores:

Esto (lo resaltado en negrilla más abajo) es lo que dice Humboldt que, en la "Historia de sus expediciones", escribe don Gonzalo Jimenez de Quesada sobre la "locura" y voracidad de sus soldados. Como afirma el alemán: "Una singular confesión en boca de un conquistador […]". A lo mejor el mismo "fundador" se hubiera sorprendido con la buena prensa que, a pesar de sus confesiones, varios siglos después le otorga el Himno de Bogotá.


"En los caminos de las afueras de Santa Fe, en todas partes borrachero, la Datura arborea de flores blancas (en Almaguer descubrimos otra más eficaz, de flores amarillas). Por la tarde sus flores difunden un exquisito aroma. Los indios preparan una bebida mágica con la semilla del borrachero, unas veces para ver arder las guacas (tumbas que esconden tesoros de los antepasados indígenas), otras para narcotizar una muchacha y violarla. La bebida se llama Tongo. Cuando Quesada llegó a Nemocón en el llano de Funza con sus guerreros, los indios dieron maliciosamente a los españoles la bebida embriagante del borrachero, Quesada (así lo dice él mismo en la Historia de sus expediciones […]) se asustó cuando vio a todos los suyos, todo íntegro el ejército enloquecido y aletargado, sin encontrar la causa. A la mañana siguiente recuperaron el sentido; sin embargo (agrega el tan ingenioso como valiente joven en sus manuscritos), "me parece, como si nos hubiera quedado a todos una buena porción de locura, pues qué otra cosa puede ser sino locura guerrear contra indios inocentes, y abandonar su patria para robar objetos sobre los cuales no se tiene el menor derecho". Una singular confesión en boca de un conquistador […]" RESALTADO NUESTRO.

Y dicho sea de paso, esta es la relación de los primeros turistas europeos drogados con burundanga en Bogotá.

Para terminar, recordemos que cuando los "tres guerreros" llegaron a abrirle los ojos a Bogotá, ya existía aquí un asentamiento humano (por no decir una "ciudad"), casi con ese mismo nombre. Ver "El primer barrio de invasión en los cerros orientales".

Posdata: En la versión del Himno que transcribo arriba (tomada de la página web del Concejo Distrital) no aparecen dos estrofas que he encontrado en otras versiones. Dicen así:

Noble y leal en la paz y en la guerra
de tus fuertes colinas al pie,
y en el arco de la media luna
resucitas el Cid Santafé.


Oriflama de la Gran Colombia
en Caracas y Quito estarán
para siempre la luz de tu gloria
con las dianas de la libertad.



Foto: El Tiempo/AFP

El maestro Medina no tenía por qué saber, en 1974, para dónde iba a ir el agua al molino 33 años después.... y que muy seguramente en Caracas y Quito no sienten hoy esa misma vibración por Bogotá.

Nota: Oriflama, para los que no sabíamos, es "cualquier estandarte, pendón o bandera de colores que se despliega al viento." (Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española)

8 comentarios:

Santiago Von Rivas dijo...

Este artículo está ganador. El premio es lo mejor, mejor que el reto Pepsi (sobre todo para nos, amantes de la Coca-cola). ME gusta el desglose del himno, que tiene la misma tendencia rimbombante de los himnos en Colombia (empezando por el de Colombia).

Anónimo dijo...

a lo bien si no le gusta no joda es que su mente no alcanza para comprender la poesía

Simonwilchesc dijo...

Le tengo una nueva estrofa pa cerrar:

A la patria se canta esta oda
que fue escrita fundada recién
si no gusta de esto no joda
que su mente no entiende a lo bien.

Anónimo dijo...

Hay que destacar del autor que reune la ignorancia con la ausencia de inteligencia, y no es fácil encontrar estas dos características tan desarrolladas en una misma persona

Anónimo dijo...

Es triste ver que se utilice este medio para difundir sandeces disfrazadas de seudo intelectualidades

Anónimo dijo...

Este comentario no va dirigido al imbécil que escribió el artículo, porque no creo que lo entienda. Uno de los mayores valores de las obras literarias y de los símbolos es permitir que la gente se apropie de ellos y les dé sus propias interpretaciones. Lo que no debe hacerse y menos por personas de tan baja ralea es querer suplantar al autor o hacer públicas opiniones tan mezquinas

Anónimo dijo...

En otro artículo el autor se ufana de haberle alterado la tempeartura del agua de la ducha cuando la mama se bañaba. y confiesa que su propia madre le echaba la madre. Que respeto podemos esperar los anonimos lectores? y claro tambien sentimos ganas de arriarle la madre aunque la señora no tenga toda la culpa por semejante engendro

Anónimo dijo...

alguien sabe o tiene la letra del himno de bogota escrito por arnulfo briceño que haga el favor de facilitarla?