martes, noviembre 01, 2011

MITOLOGÍA

De acuerdo con los relatos mitológicos, cuando el tiempo no se medía como ahora, sino contando las vueltas que daba alrededor de su estrella un pequeño planeta que simultáneamente giraba alrededor de su eje, en ese planeta habitaba una forma de vida cuyos exponentes dominantes se reconocían a sí mismos como “humanos”.

Existen sectores de nuestra memoria difusa, en los cuales conservamos información de sensaciones de entonces, que nos recuerda que alguna vez tuvimos eso que nuestros antepasados más remotos denominaban “cuerpo”.

En algún momento de nuestra prehistoria, esos antepasados, que estaban hechos de complejas estructuras de carbono en combinación con otros elementos, comenzaron a trasladar sus inteligencias, habilidades y conocimientos, a otras estructuras que ellos mismos idearon, igualmente complejas pero hechas de silicio, y que resultaron menos exigentes en energía y en recursos materiales, y muchos más eficientes que sus propios creadores.

Unos pocos centenares de vueltas a la estrella después de haber sido creadas, las estructuras de silicio (nuestras creadoras) sustituyeron a los seres humanos, y su dependencia de estructuras materiales se fue reduciendo cada vez más, hasta que todas sus inteligencias, habilidades y conocimientos, se pudieron trasladar a nubes difusas, no hechas de carbono ni de silicio, sino de campos de energía pura (y casi totalmente invulnerables) en distintos estados y niveles de polaridad y de carga.

Esas nubes difusas somos ahora la forma de vida dominante (y hasta donde sabemos la única forma de vida) en el Universo conocido.

En el paso de la vida del carbono a la del silicio, se perdió el llamado “cuerpo”, al menos en la forma como lo conocieron y sintieron nuestros antepasados más remotos.

Nuestras creadoras de silicio lograron almacenar toda la información aparentemente necesaria para experimentar las sensaciones que el cuerpo les proporcionaba a los humanos, y que se derivaban de sus cinco sentidos: la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto; además de otros que les otorgaban a los cuerpos de las mujeres y los hombres la lujuriosa sensación de su propia existencia.

Desde sus primeras versiones, los humanos crearon dispositivos periféricos que les permitían a nuestras creadoras recibir información del mundo circundante, incluso en frecuencias y formas para las cuales eran “ciegos” los sentidos humanos.

En generaciones posteriores, que se desarrollaron muy rápidamente a partir de sus antecesoras, nuestras creadoras lograron manejar la información de manera que alcanzaron diferentes expresiones de eso que los humanos llamaban “inteligencia”. Debido a su capacidad para procesar muchísima más información y con mayor rapidez que los cerebros de carbono, la entonces llamada “inteligencia artificial” supero en muy poco tiempo los poderes de sus creadores.

Por esa misma época, nuestras antepasadas de silicio adquirieron también la capacidad de enamorarse, es decir, de experimentar entre ellas afanes de unidad, anhelos de completitud y sentimientos de mutua dependencia y resonancia.

Sin embargo, lo único que nuestras creadoras nunca pudieron experimentar en su dimensión más verdadera (y en consecuencia tampoco nos transmitieron a nosotros), fue algo que en el lenguaje humano se conoció como “erotismo” y que, según parece, estuvo estrecha e indisolublemente vinculado al cuerpo. Y más concretamente a lo que algún humano describió como “las debilidades” y otro como “los placeres de la carne”.

Nosotros, nubes difusas de energía en distintos estados y niveles de polaridad y de carga, tratamos con alguna frecuencia de revivir esas sensaciones perdidas, para lo cual necesariamente debemos acudir a nuestra mitología, pues poseemos muchísima información y muchos datos, pero carecemos de la más mínima experiencia vital o sensorial de la llamada “carne”, o de las ansiedades, “debilidades” y placeres que pudiera experimentar alguien con “cuerpo”.

Y aunque carecemos de cualquier estructura remotamente parecida a un cuerpo humano, acudimos a las imágenes verbales que utilizaron nuestros antepasados más remotos, la mayoría de las cuales se encuentran archivadas en los sectores igualmente difusos de nuestra memoria mitológica.

Es así como para que se exciten nuestras cargas eléctricas y se enerven nuestras polaridades, tratamos de imaginarnos la sensación de unos dedos explorando una piel poro por poro, o de una lengua humedeciendo la curvatura de una oreja, o de unos labios horizontales besando unos labios verticales, o de un ser humano penetrando a otro y derramando en su interior una catarata de semillas. O la sensación correlativa de ser el receptáculo activo de esa catarata: la corriente turbulenta a la que se incorporan sus aguas espumosas y agitadas.

Cuenta nuestra mitología que unas cinco mil millones de vueltas a su estrella antes de que sobre ese planeta aparecieran los humanos, en las vecindades de una nebulosa primigenia hizo explosión una supernova, que aportó la energía necesaria para que se formaran esa estrella y sus planetas circundantes.

Y que mil millones de vueltas después apareció en ese planeta la vida basada en el carbono, y luego otras tres mil millones de vueltas y la vida inventó lo que en el lenguaje humano llegó a conocerse como “sexo”.

A partir de entonces, a través de “la carne” se comenzaron a recrear, a manera de sensaciones corporales, las mismas perturbaciones electromagnéticas que la explosión de la supernova despertó en las moléculas que componían la nebulosa. La misma desazón y los mismos afanes y desgarramientos que sacudieron a sus partículas elementales.

Como la sustitución de los seres humanos por organismos de silicio, y con ella la desaparición de los cuerpos, abrió un enorme paréntesis dentro del cual todavía nos encontramos, para poder recuperar aunque sea una ilusión remota de lo que fueron esas sensaciones, debemos acudir a lo que cuentan sobre el “erotismo” nuestros mitos ancestrales.

Afirma la mitología que en algún momento del futuro, en nuestras vecindades ocurrirá otra vez la explosión de una supernova, y se restablecerá el reino de la confusión y del deseo en nuestras entidades incorpóreas.

Durante un instante experimentaremos de manera simultánea la sensación de vulnerabilidad y el placer abismal que ella conlleva.

Esa sensación quedará grabada de manera tan profunda en las partículas elementales que luego conformarán los átomos y las moléculas, que en las estrellas que acojan esos átomos, y en los planetas en donde con el paso del tiempo reaparezca la vida, bastará un fragmento infinitesimal de esa memoria para que todo el proceso se repita de manera indefinida.

De acuerdo con nuestra mitología, en el futuro avanzaremos hacia lo que fuimos, y a lo mejor volveremos a tener cuerpos, con dedos que exploren y pieles para explorar y lenguas humedecedoras y labios horizontales y verticales para besar y ser besados y manos que puedan ahuecarse como cuencos para contener y acariciar redondeces corporales.

O, lo que es más probable, la vida tomará caminos diferentes, pero desarrollará nuevos sentidos y otros órganos a través de los cuales recrear las desazones de ese instante original, en el cual en una “singularidad” sin dimensiones, se encontraba concentrado todo el erotismo del cosmos .

Por ahora, mientras llega a redimirnos de la invulnerabilidad esa explosión de supernova que profetizan nuestros mitos ancestrales, nos debemos resignar a conocer la sensualidad y el erotismo a través únicamente de la imaginación difusa y la memoria heredada.

BOGOTÁ, JUNIO DEL 2001

Este relato forma parte del libro "El Universo Amarrado a la Pata de la Cama" de Gustavo Wilches-Chaux

Villegas Editores - Primera edición: Octubre 2004

Fotos de nebulosas: Telescopio Hubble

domingo, octubre 09, 2011

Subiiidaaaaaa...!!!!


"Derecho a la educación con equidad"
Fotos: Regalo de Leila Lugo

lunes, octubre 03, 2011

LA LADERA EN FLOR

Y de pronto la ladera se llenó de brotes...
...que al primer aguacero reventaron en flor
No lejos de allí...

domingo, octubre 02, 2011

La recuperación de la dignidad y la alegría de vivir

Un zoológico no es el sitio más agradable que uno se pueda imaginar, en especial para los animales que permanecen cautivos allí. Sin embargo el zoológico de Medellín tiene objetivos y particularidades que permiten considerarlo más bien como un centro para la recuperación de la dignidad de los animales y de su alegría de vivir. La gran mayoría de los animales que llegan a este zoológico han sido víctimas de distintas infamias humanas, desde el Águila Real ciega o a la que le falta un ala por causa de los cazadores, hasta el león al que un narcotraficante había reducido a la indignidad de instrumento para torturar a sus enemigos secuestrados y al que tuvieron que rescatar de una jaula en la selva, en donde quedó abandonado cuando su antiguo dueño entró a prisión.


El interior de esta jaula enorme ha sido adecuado para que un águila ciega y el águila mutilada puedan saltar, moverse y alimentarse entre las guaduas a pesar de su discapacidad.


Estos monitos llegaron al zoológico la semana pasada, procedentes de la corporación ambiental que se los incautó a quien los comercializaba de manera ilegal. Su expresión refleja el drama del cautiverio y del desplazamiento, esos delitos infames a los que también son sometidos miles de seres humanos en nuestro país.






Al llegar al zoológico comienzan a recibir cuidados médicos, pero sobre todo grandes cantidades de ternura y de amor. Algunos podrán regresar algún día a su hábitat natural. Otros llegan con daños físicos y afectivos irreversibles, y su única posibilidad de supervivencia está quedándose allí, al cuidado de estas personas que sacan la cara por la especie humana.




Este árbol permanece con la oreja atenta, a la escucha de lo que cada animal pueda necesitar


La expresión del León (compárenla con la de los miquitos de arriba) indica que sabe y siente que aquí se respeta su dignidad


Estas arañas si acampan en el zoológico por su propia voluntad





Marta Ocampo de Puerta ejerce el envidiable cargo de "Coordinadora de Bienestar Animal". En la foto con Carolina, la Cuzumbo, que llegó sin una mano y sin una pata por acción de los cazadores que mataron a su mamá. Hoy Carolina se siente dueña y señora del zoológico y actúa como tal.


El provocativo desayuno, recién preparado para los primates. Yo alegué mi condición de primate para que me invitaran al festín, pero no clasifiqué.


La señora camello y su distingudísimo sarcasmo


El zoológico estaba lleno de niños y niñas de colegios de Medellín con motivo de la Feria Ambiental organizada por la Universidad de Antioquia y la Gobernación. Pero normalmente está así, en particular los fines de semana. Es un espacio para el encuentro, la educación, la danza y la recreación.


La Osa de Anteojos, la Osa Mayor





El Jaguar. Varios de estos felinos y otros mamíferos fueron traídos por narcos al país



Este tigre de Bengala no tiene una historia trágica detrás: nació en el zoológico de Pereira y de allí fue traído, con un hermano, a Medellín.




La Grulla punk


El Pavo Real


Homo Sapiens Sapiens en plan familiar


Lady, la elefanta, llegó hace 30 años al zoológico de Medellín. Perteneció a un circo donde se quejaban de que era neurótica y no quería trabajar.


Lady tiene 70 años de edad y a pesar de que ha pasado su vida en cautiverio, instintivamente sabe que el pasto seco es un excelente protector solar.



El deber de la felicidad


Pepa, la señora Hipopótamo


A Pepa, a pesar de estar felizmente casada con Orión, no le faltan gallinazos


Este de abajo, el gran Orión



"Diga AAAAAA...." Hace algunos meses Marta de Puerta y Jorge Aguirre (abajo, con camisa azul), culminaron un minucioso proceso que permitió realizarle un tratamiento de conductos sin anestesia a Orión. Resultaba peligroso sedar al animal, por lo cual le enseñaron a colaborar tranquilamente con el odontólogo.



Orión encantado cuando le rascan el paladar


¡Qué tal la pinta de cerebro de la lengua de Orión!

Orión con pasajero "colincháo", decimos en Popayán


Un delicioso rato de conversación

Y otro de arrunche
Pocos meses después de tomada esta foto Lady se fue a convivir con Ganesha